No importa si el mar sube o la tierra se hunde, la gente sufre igual
En las costas más habitadas del planeta, el mar no sube solo: la tierra también se hunde, y ambos movimientos se suman en silencio bajo los pies de cientos de millones de personas. Un estudio publicado en 2021 revela que el aumento relativo del nivel del mar en zonas costeras pobladas cuadruplica el promedio global, impulsado no solo por el calentamiento oceánico sino por decisiones humanas sobre cómo extraer agua, petróleo y sedimentos del suelo. Es una crisis que no distingue entre lo que el clima hace y lo que nosotros mismos provocamos, y cuya carga recae de manera desproporcionada sobre las ciudades más grandes y vulnerables del mundo.
- Las costas donde vive más gente registran aumentos del nivel del mar de hasta 9,9 mm anuales, casi cuatro veces el promedio mundial de 2,5 mm, creando una brecha alarmante entre los datos globales y la realidad local.
- El bombeo masivo de agua subterránea, la extracción de petróleo y el bloqueo de sedimentos por represas están literalmente hundiendo el suelo bajo ciudades enteras, acelerando un proceso que el cambio climático por sí solo no explica.
- Yakarta se hunde más de diez centímetros al año en algunos puntos, mientras Nueva Orleans y Galveston enfrentan una combinación letal de terreno en descenso y océano en ascenso que no tiene precedente histórico cercano.
- Más de una de cada cinco personas en el mundo vive en costas donde el nivel relativo del mar sube diez milímetros o más cada año, aunque esas zonas representan menos del uno por ciento de la costa global.
- Los investigadores señalan que reducir la extracción de agua subterránea y gestionar mejor los deltas fluviales podría frenar el hundimiento, pero en ciudades donde millones dependen de esos recursos, las soluciones son tan complejas como urgentes.
En las costas más pobladas del mundo, el agua sube cuatro veces más rápido de lo que indican los promedios globales. Un estudio publicado en marzo de 2021 cuantifica por primera vez cómo el hundimiento del terreno amplifica la amenaza del cambio climático en comunidades costeras: mientras el océano sube 2,5 mm al año en promedio, los habitantes de esas costas experimentan aumentos relativos de entre 7,8 y 9,9 mm anuales. La diferencia no viene solo del mar. Viene del suelo que desaparece bajo sus pies.
El bombeo de agua subterránea, la extracción de petróleo y gas, y la minería de arena comprimen y debilitan el terreno. En los deltas fluviales, donde el sedimento se acumula durante milenios, las actividades humanas aceleran un hundimiento que de otro modo sería gradual. Robert Nicholls, director del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático y autor principal del estudio, lo resumió con claridad: el cambio climático ya es grave, pero este proceso adicional lo empeora todo, y quienes viven en la costa sufren los mismos impactos sin importar si el mar sube o la tierra se hunde.
Las ciudades más grandes tienden a estar construidas precisamente donde estos procesos ocurren con mayor rapidez. Asia concentra las tasas más altas: el sur, sudeste y este del continente albergan el 71% de la población costera mundial que vive por debajo de diez metros de altitud. Yakarta se hunde más de diez centímetros al año en algunos puntos. En Estados Unidos, Nueva Orleans enfrenta un destino similar cerca del delta del Mississippi, y Galveston registró un aumento de 6,62 mm anuales entre 1957 y 2011.
Los investigadores subrayan que mitigar el cambio climático sigue siendo prioritario, pero también que reducir la extracción de agua subterránea y gestionar mejor los deltas podría disminuir significativamente el hundimiento. El desafío es doble: no solo detener el ascenso del océano, sino también frenar la desaparición del terreno donde vive la gente.
En las costas más pobladas del mundo, el agua sube cuatro veces más rápido de lo que sugieren los números globales. No es una coincidencia. Es el resultado de dónde hemos elegido vivir y qué hemos hecho con esa tierra.
Un nuevo estudio publicado en marzo de 2021 cuantifica por primera vez cómo el hundimiento del terreno amplifica la amenaza del aumento del nivel del mar en las comunidades costeras. Mientras que el promedio mundial de elevación oceánica es de 2,5 milímetros por año durante las últimas dos décadas, los habitantes de las costas experimentan un aumento relativo de 7,8 a 9,9 milímetros anuales. La diferencia no viene solo del océano. Viene del suelo que desaparece bajo sus pies.
El bombeo de agua subterránea, la extracción de petróleo y gas, y la minería de arena comprimen y debilitan el terreno. En los deltas de los ríos, donde se acumula el sedimento durante miles de años, el peso de esa acumulación causa consolidación natural. Pero cuando los humanos extraen agua, drenan el suelo o bloquean el flujo de sedimentos con represas aguas arriba, aceleran el hundimiento. Robert Nicholls, director del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático del Reino Unido y autor principal del estudio, lo explicó de manera directa: el cambio climático es malo, el aumento del nivel del mar inducido por el clima es malo, pero existe este proceso adicional que empeora las cosas. Y cuando se suman, la gente que vive en la costa sufre los mismos impactos sin importar si el mar sube o la tierra se hunde.
Las ciudades más grandes del mundo tienden a estar construidas precisamente donde ocurren estos procesos más rápidamente. Más de una de cada cinco personas vive en costas donde el nivel del mar aumenta diez milímetros o más por año, aunque estas zonas representan menos del uno por ciento de la costa mundial. Asia experimenta las tasas más altas. El sur, sudeste y este de Asia contienen colectivamente el 71 por ciento de la población costera mundial que vive por debajo de diez metros de altitud. En Yakarta, el hundimiento supera los diez centímetros anuales en algunos lugares, y puede ser aún más rápido en áreas específicas. La combinación de una población densa y múltiples ríos ha hecho que esta ciudad sea especialmente vulnerable a un aumento relativo del nivel del mar que no tiene paralelo en el mundo.
En Estados Unidos, Nueva Orleans enfrenta un destino similar. Construida cerca del delta del río Mississippi, la ciudad experimenta uno de los aumentos más altos del nivel relativo del mar del país. En Galveston, Texas, el nivel del mar ha subido 6,62 milímetros por año entre 1957 y 2011, lo que equivale a 67 centímetros en un siglo. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica ha documentado que el mayor aumento relativo ocurre cerca de la costa de Louisiana y el sureste de Texas, donde los efectos combinados del hundimiento de tierras y la elevación oceánica convergen.
Lo que hace este estudio diferente es que reconoce que el hundimiento de la tierra no es un fenómeno pasivo. Parte de él es natural, como el rebote isostático que sigue ocurriendo en la bahía de Hudson después del derretimiento de las capas de hielo hace miles de años. Pero gran parte es causada por decisiones humanas sobre cómo extraer recursos y gestionar el agua. Nicholls señaló que el proceso se reduce fundamentalmente a dónde la gente elige vivir y luego al hecho de que en realidad empeoraron el hundimiento.
Los investigadores sugieren que mitigar el cambio climático sigue siendo de suma importancia, como se refleja en el Acuerdo de París. Pero también plantean que reducir la extracción de agua subterránea y manejar mejor los deltas fluviales podría disminuir significativamente el hundimiento de la tierra. Sin embargo, estas son soluciones complejas en ciudades donde millones de personas dependen del agua subterránea y donde los deltas han sido modificados durante siglos. El desafío no es solo detener el aumento del océano. Es también detener la desaparición del terreno donde vive la gente.
Citações Notáveis
Tenemos este proceso adicional que está empeorando las cosas. No importa si el mar sube o la tierra se hunde, la gente que vive en la costa todavía tiene los mismos impactos.— Robert Nicholls, director del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático
El proceso se reduce fundamentalmente al lugar donde la gente elige vivir. Y luego al hecho de que en realidad empeoraron el hundimiento.— Robert Nicholls
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el estudio dice que no es casualidad que los lugares más afectados sean donde vive la gente?
Porque las grandes ciudades se construyeron en deltas fluviales y costas bajas, lugares que naturalmente acumulan sedimento y agua. Pero luego extraemos agua subterránea, petróleo, arena. Empeoramos lo que ya era inestable.
¿Entonces el cambio climático no es el único culpable?
No. El cambio climático eleva el océano. Pero el hundimiento de la tierra es en gran medida algo que hacemos nosotros. En Yakarta, el hundimiento es de más de diez centímetros al año. Eso no es solo océano.
¿Qué significa eso para alguien que vive en Nueva Orleans o Yakarta?
Significa que el agua sube cuatro veces más rápido de lo que los números globales sugieren. Significa inundaciones más frecuentes, más severas, en lugares donde ya hay poco espacio para escapar.
¿Se puede detener?
Parcialmente. Reducir la extracción de agua subterránea ayudaría. Manejar mejor los deltas. Pero millones de personas dependen de esa agua. No hay solución fácil.
¿Entonces es un problema de elección, de dónde decidimos vivir?
Sí, pero también es un problema de poder. La mayoría de la gente no elige vivir en Yakarta o Nueva Orleans porque quiera. Vive allí porque el trabajo está allí, porque la familia está allí. Y ahora el terreno desaparece bajo sus pies.