Los atacantes llegaron vestidos como policías, convencieron a quién los dejó entrar fingiendo ser agentes
En la madrugada del domingo, David Macías Villamar, hermano del líder de Los Choneros, fue ejecutado en su hogar de Santa Elena por sicarios que se hicieron pasar por policías. Su muerte no es solo un crimen aislado: es un síntoma de la desintegración violenta de una organización criminal bajo asedio del Estado ecuatoriano, y de la inquietante facilidad con que el uniforme de la ley puede convertirse en arma del crimen. En un país donde la violencia ha alcanzado dimensiones de guerra, la frontera entre el orden y el caos se vuelve cada vez más difícil de distinguir.
- Sicarios disfrazados de agentes policiales lograron entrar a una vivienda en Santa Elena y ejecutar a David Macías Villamar con múltiples disparos, aprovechando la confianza que inspira el uniforme del Estado.
- El asesinato revela un nivel de planificación y coordinación que apunta a una ejecución deliberada: alguien sabía dónde estaba la víctima y cómo neutralizar cualquier resistencia antes de actuar.
- La familia Macías Villamar acumula golpes en cascada: un hermano extraditado desde Bogotá, seis allegados condenados por lavar más de 25 millones de dólares, y ahora David muerto a los 35 años.
- Los Choneros, catalogada como organización terrorista, enfrenta simultáneamente la presión del Estado ecuatoriano, la extradición de su líder Fito a Estados Unidos y lo que parece ser una guerra interna por el control de la banda.
- La Dirección Nacional de Delitos contra la Vida y la Fiscalía mantienen la investigación abierta, buscando identificar a los ejecutores y al autor intelectual de un crimen que expone la infiltración de uniformes policiales en operaciones delictivas.
Poco después de la medianoche del domingo, cuatro disparos y el silencio volvieron a instalarse en una vivienda de la provincia costera de Santa Elena. David Macías Villamar, de 35 años, fue ejecutado por hombres que llegaron vestidos con uniformes policiales, convencieron a quien abrió la puerta de que eran agentes de la ley, y dispararon sin dejar margen de respuesta. La Policía Nacional confirmó los hechos tras la alerta del sistema de emergencias.
David era hermano de José Adolfo Macías Villamar, alias Fito, el histórico líder de Los Choneros, la organización criminal más antigua de Ecuador. Aunque no ocupaba un lugar central en la estructura de la banda, David tenía antecedentes por tenencia ilegal de armas, robo y asociación ilícita. Su vínculo familiar con Fito lo situaba, sin embargo, en el corazón de una red que el Estado ecuatoriano lleva meses desmantelando.
Lo que distingue este crimen es su método. Los atacantes no llegaron como criminales anónimos: usaron el uniforme del Estado como llave de entrada. Esa táctica sugiere una operación planeada con acceso a recursos y a información precisa sobre el paradero de la víctima. No fue un acto impulsivo.
El golpe a la familia Macías Villamar no es nuevo. Un mes antes, Ronald Javier Macías Villamar, otro hermano considerado cabecilla de Los Choneros, fue capturado en Bogotá y extraditado a Ecuador, donde ingresó a la cárcel de máxima seguridad. Antes de eso, seis personas del círculo íntimo de Fito fueron condenadas por lavar más de 25 millones de dólares provenientes de actividades ilícitas. David no estaba implicado en ese caso.
Fito, por su parte, se encuentra en Estados Unidos enfrentando cargos de narcotráfico tras ser extraditado el año pasado. Su organización se deshace desde arriba: el líder ante tribunales extranjeros, sus hermanos muertos o encarcelados, la banda bajo asedio estatal y aparentemente fracturada por disputas internas de sucesión.
Las investigaciones siguen abiertas. Las autoridades buscan a los hombres que vistieron uniformes para matar y a quien ordenó la ejecución. En un Ecuador donde la violencia ha alcanzado cifras de guerra y los uniformes pueden ser disfraz del crimen, las respuestas tardan en llegar.
La madrugada del domingo, poco después de las doce y media, David Macías Villamar fue ejecutado a tiros en su vivienda en la provincia costera de Santa Elena, Ecuador. Tenía 35 años. Los atacantes llegaron vestidos como policías, convencieron a quién los dejó entrar fingiendo ser agentes de la ley, dispararon múltiples veces, y se marcharon. La Policía Nacional confirmó los hechos después de que el sistema de emergencias alertara sobre el incidente.
David era hermano de José Adolfo Macías Villamar, conocido como alias Fito, el líder de Los Choneros, la organización criminal más antigua que opera en Ecuador. Como su hermano mayor, David también formaba parte de la estructura de la banda. Su historial incluía antecedentes por tenencia y porte ilegal de armas, ocultación de bienes robados, robo y asociación con grupos delictivos. No era un hombre sin pasado, pero tampoco estaba en el centro de las operaciones de la organización.
Lo que distingue este asesinato es el método: los sicarios no llegaron como criminales anónimos. Se presentaron como representantes del Estado, usando uniformes policiales como cobertura para entrar al lugar. Esta táctica, según las primeras investigaciones, sugiere un nivel de coordinación y acceso a recursos que apunta hacia una ejecución planeada, no un acto impulsivo. Alguien sabía dónde estaba David. Alguien sabía cómo llegar hasta él sin resistencia.
El crimen ocurre en un contexto de guerra abierta contra las bandas criminales que el gobierno ecuatoriano declaró en 2024. Los Choneros ha sido catalogada como organización terrorista por las autoridades. La violencia en el país ha alcanzado niveles sin precedentes, y las cárceles se han convertido en campos de batalla donde las facciones luchan por control. Pero este asesinato no sucedió en una prisión. Sucedió en una casa, en la madrugada, con uniformes policiales como disfraz.
La familia Macías Villamar ha sido golpeada repetidamente por las autoridades en los últimos meses. Un mes antes de la muerte de David, otro hermano, Ronald Javier Macías Villamar, fue capturado en Bogotá y extraditado a Ecuador. Ronald era considerado uno de los cabecillas de Los Choneros y fue enviado a la cárcel de máxima seguridad del país. Antes de eso, seis miembros cercanos del círculo íntimo de Fito fueron condenados a penas de entre siete y diez años por lavado de activos. Según la Fiscalía, estos familiares habían blanqueado más de 25 millones de dólares obtenidos de actividades ilícitas. David no estaba involucrado en ese caso.
Fito mismo se encuentra en Estados Unidos, esperando ser juzgado por cargos de narcotráfico después de ser extraditado desde Ecuador el año pasado. Su imperio se desmorona desde arriba hacia abajo: el líder en tribunales estadounidenses, sus hermanos muertos o encarcelados, su organización bajo asedio del Estado. Los Choneros, que una vez fue la banda criminal más poderosa y antigua del país, ahora se debate entre la represión externa y lo que parece ser una guerra interna por sucesión y control.
La Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, en coordinación con la Fiscalía, mantiene las investigaciones abiertas. Buscan identificar a los hombres que vistieron uniformes policiales y ejecutaron a David Macías Villamar. Buscan determinar quién ordenó el asesinato y por qué. Pero en un país donde los uniformes pueden ser usados como disfraz para matar, donde las bandas criminales son catalogadas como terroristas y donde la violencia ha alcanzado cifras de guerra, las respuestas no llegan rápido.
Notable Quotes
Los presuntos autores del crimen iban vestidos con uniformes policiales y fingieron ser agentes— Policía Nacional de Ecuador
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué alguien asesinaba a David si ya estaban capturando a su familia por otros medios?
Porque en las organizaciones criminales, la sucesión no se resuelve en tribunales. Cuando el líder está fuera, cuando los hermanos están en la cárcel, quedan vacíos de poder. David era un eslabón, y alguien decidió que ese eslabón debía desaparecer.
¿Qué significa que los atacantes usaran uniformes policiales?
Significa que tenían acceso a esos uniformes, o que alguien con acceso se los proporcionó. Significa que podían entrar a una casa sin que nadie sospechara. Es la diferencia entre ser un criminal anónimo y tener la apariencia de autoridad.
¿Los Choneros estaban ya debilitados antes de este asesinato?
Completamente. El líder en Estados Unidos, los hermanos en cárceles ecuatorianas, millones de dólares congelados en investigaciones de lavado. David no era un capo, pero era familia. Y en esas organizaciones, la familia es lo que queda cuando todo lo demás se desmorona.
¿Quién pudo haber ordenado esto?
Eso es lo que la Fiscalía intenta descubrir. Podría ser una facción rival dentro de Los Choneros. Podría ser otra banda. O podría ser alguien dentro de la estructura estatal que aprovechó el caos. Lo que es seguro es que no fue un acto aislado.
¿Qué le espera a la organización ahora?
Más fragmentación. Más violencia interna. Los Choneros fue la banda más antigua de Ecuador, pero las organizaciones criminales no sobreviven sin liderazgo. Sin Fito, sin Ronald, sin David, lo que queda es un vacío que otros intentarán llenar.