Pérez Reverte: la humanidad se divide entre quienes aceptan la mortalidad y quienes la niegan

El presente es lo único de lo que disponemos con certeza
Pérez Reverte sostiene que vivir plenamente ahora es nuestra única misión verdadera, ya que el futuro permanece incierto.

Desde la orilla de una larga trayectoria literaria, Arturo Pérez Reverte traza una línea invisible que divide a los seres humanos no por su origen ni sus creencias, sino por su disposición a mirar de frente la verdad más incómoda: que somos mortales y que nada dura. Su reflexión, publicada en mayo de 2026, no es un ejercicio de melancolía, sino una invitación a la lucidez: quienes aceptan la impermanencia de la existencia viven con mayor plenitud y enfrentan el cambio con mayor entereza. En un tiempo de incertidumbre colectiva, el escritor propone que el presente consciente es el único territorio verdaderamente habitable.

  • Pérez Reverte lanza una distinción que incomoda: hay quienes miran la mortalidad a los ojos y quienes, sabiéndolo, eligen no verla.
  • La negación de lo inevitable no es inocente — consume energía, embota la conciencia y deja a las personas desarmadas ante los cambios que llegan sin aviso.
  • El escritor señala que vivimos cerca de un punto de inflexión histórico, lo que vuelve urgente esta conversación que muchos prefieren aplazar.
  • Su propuesta no es resignarse al pesimismo, sino abrazar el realismo como forma de libertad: reconocer la fragilidad de todo para vivir mejor ahora.
  • La valentía de mirar — no la inteligencia ni la formación — es lo que separa a quienes estarán preparados de quienes seguirán sorprendiéndose ante lo inevitable.

Arturo Pérez Reverte propone una clasificación de la humanidad que prescinde de geografía, clase o ideología. Para el escritor español, lo que verdaderamente nos divide es más íntimo y más exigente: la capacidad de sostener la mirada ante las verdades que duelen. En su esquema, existen quienes reconocen la certeza de su propia mortalidad y quienes, aunque en el fondo ya lo saben, eligen apartar la vista.

No se trata de una observación filosófica abstracta. Pérez Reverte habla de realidades concretas contra las que todos, tarde o temprano, tendremos que luchar. Conoce el peso de enfrentar lo que cuesta aceptar, y por eso su llamado no es teórico: es una invitación a cambiar la manera en que habitamos el tiempo. En lugar de gastar energía resistiendo lo inevitable, propone reconocer que nada es permanente y que el presente es el único territorio del que disponemos con certeza.

Esta idea tiene raíces antiguas, pero cobra nueva urgencia en un momento en que muchos perciben que nos acercamos a un cambio de ciclo profundo. La reflexión de Pérez Reverte nos pide abandonar la pereza mental de la negación y abrazar una existencia más consciente, donde la fragilidad de todo lo que amamos se convierta, paradójicamente, en razón para vivir mejor ahora. No es pesimismo ni resignación: es lucidez.

Quienes aceptan su mortalidad — y la de cuanto los rodea — llegan mejor preparados a los cambios que vendrán. Quienes la niegan seguirán resistiendo lo inevitable, seguirán sorprendiéndose. La diferencia entre ambos grupos, concluye el escritor, no es de inteligencia ni de cultura. Es, simplemente, de valentía.

Arturo Pérez Reverte, el escritor español cuya obra ha trascendido las fronteras de la literatura ibérica, propone una división fundamental de la humanidad que no tiene que ver con geografía, clase o ideología, sino con algo más profundo: la capacidad de mirar a la verdad a los ojos. Según su reflexión, existen dos tipos de personas en el mundo. Están quienes reconocen y aceptan las realidades incómodas de la existencia, particularmente la certeza de la propia mortalidad. Y están quienes prefieren apartar la vista, quienes eligen no saber lo que, en el fondo, ya saben.

Esta no es una observación casual. Pérez Reverte habla de realidades que no podemos permitirnos ignorar, aunque su asimilación nos cueste trabajo y dolor. Son verdades contra las que todos, en algún momento de nuestras vidas, tendremos que luchar. El escritor entiende bien cómo debemos comportarnos ante los problemas cotidianos que se nos presentan, y ante los desafíos que emergen sin aviso. Conoce el peso de enfrentar lo que es difícil de aceptar.

Lo que propone es un cambio de perspectiva sobre cómo vivimos. En lugar de gastar energía negando lo inevitable, sugiere que deberíamos reconocer que nada es permanente, que el futuro es incierto y que, en realidad, el presente es lo único de lo que disponemos con certeza. Esta idea no es nueva—tiene raíces en filosofías antiguas que ya lo sabían—pero cobra urgencia en un momento en el que muchos sienten que nos acercamos a un punto de inflexión, a un cambio de ciclo que nos afectará profundamente.

La reflexión de Pérez Reverte nos invita a abandonar la pereza mental que nos permite vivir en negación. Nos pide que abracemos una forma de existencia más consciente, una en la que reconozcamos la fragilidad de todo lo que tenemos y, paradójicamente, encontremos en esa fragilidad una razón para vivir mejor ahora. No se trata de pesimismo, sino de realismo. No se trata de resignación, sino de lucidez.

En estos tiempos en los que nos preguntamos qué futuro nos aguarda, cuando miramos hacia adelante con incertidumbre, la propuesta del escritor es radical en su sencillez: vivir el presente de la mejor manera posible es nuestra única misión verdadera. Quienes aceptan esta verdad—quienes reconocen su mortalidad y la de todo lo que aman—están mejor preparados para los cambios que vendrán. Quienes la niegan seguirán sorprendidos, seguirán resistiendo lo inevitable. La diferencia entre ambos grupos no es inteligencia ni educación. Es simplemente la valentía de mirar.

Hay realidades que no podemos dejar escapar, aunque nos cueste asimilarlas
— Arturo Pérez Reverte
Vivir el presente de la mejor manera posible es nuestra única misión
— Arturo Pérez Reverte
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué crees que Pérez Reverte insiste en que esta división entre aceptación y negación es lo fundamental en la humanidad?

Model

Porque todo lo demás—política, religión, clase social—son formas de organizar la vida. Pero la mortalidad es la realidad que subyace bajo todo ello. Es el hecho que ninguna ideología puede cambiar.

Inventor

¿Entonces sugiere que quienes niegan la muerte viven peor?

Model

No exactamente peor. Viven de otra manera. Viven sorprendidos constantemente, porque la realidad siempre los golpea cuando menos la esperan. Quienes la aceptan pueden prepararse.

Inventor

¿Prepararse para qué, si la muerte es inevitable de todas formas?

Model

Para vivir. Para no desperdiciar el tiempo en resistencias inútiles. Para amar mejor, trabajar mejor, estar presentes mejor.

Inventor

¿Es esto pesimismo disfrazado de filosofía?

Model

Al contrario. El pesimismo es negar la realidad y esperar que desaparezca. Esto es optimismo: reconocer lo que es y actuar desde ahí.

Inventor

¿Y qué pasa con quienes simplemente no quieren pensar en esto?

Model

Pueden no pensar. Pero la realidad no desaparece por ignorarla. Solo llega sin aviso, cuando menos la esperan.

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