Arrabal-AID cumple una década transformando vidas con su Escuela de Segunda Oportunidad

La iniciativa atiende a jóvenes vulnerables que sufrieron bullying, acoso, barreras físicas o psicológicas, y padres/madres adolescentes que necesitaban reinsertarse educativamente.
Aquí no hay un horario rígido que no funciona para todos
La responsable de la Escuela explica cómo la flexibilidad y el trato personalizado diferencian este programa del sistema educativo convencional.

En los márgenes del sistema educativo formal, Arrabal-AID lleva una década demostrando que el abandono escolar no es un destino irreversible. Su Escuela de Segunda Oportunidad en Málaga ha acompañado a más de 520 jóvenes —víctimas de acoso, de la precariedad o de la vida misma— hacia un título que el mundo laboral exige pero que el sistema convencional les negó. Diez años después, la organización celebra sus logros mientras reclama que la ley de Educación reconozca lo que la realidad ya ha validado: que aprender no tiene una sola forma ni un solo momento.

  • Más de 520 jóvenes entre 16 y 29 años han llegado a Arrabal-AID cargando historias de acoso, pobreza, maternidad temprana o trabajo forzado que los expulsaron del sistema antes de terminar la ESO.
  • Sin ese título, el mercado laboral les cierra puertas sistemáticamente, atrapándolos en una trampa donde la falta de credencial perpetúa la vulnerabilidad.
  • La escuela responde con un modelo flexible —clases presenciales, acceso a adultos y modalidad online— que se adapta a cada persona en lugar de exigir que la persona se adapte al sistema.
  • En la última promoción, el 58% aprobó completamente y 20 jóvenes ya trabajan o realizan prácticas, aunque 18 estudiantes más superaron al menos un ámbito y siguen adelante sin rendirse.
  • A pesar de una década de resultados y acreditación oficial desde 2017, la iniciativa aún reclama reconocimiento pleno en la ley de Educación, operando en los márgenes de un sistema que no termina de verla.

Hace diez años, Arrabal-AID abrió en Málaga una Escuela de Segunda Oportunidad con una premisa sencilla y radical: nadie debería quedar fuera del sistema educativo por las circunstancias de su vida. Hoy, más de 520 jóvenes han transitado ese camino, y en el curso actual 49 estudiantes trabajan para obtener el título de la ESO, el documento que les abre —o cierra— las puertas del empleo y la formación superior.

Quienes llegan lo hacen desde lugares muy distintos. Algunos abandonaron los estudios en plena adolescencia por acoso escolar o barreras psicológicas que los dejaron sin lugar en sus institutos. Otros tuvieron que elegir entre estudiar y trabajar, y el mercado no les perdonó esa elección. Hay padres y madres muy jóvenes que necesitaban reinsertarse. La mayoría tiene entre 16 y 24 años, hay paridad de género y crece el número de estudiantes extranjeros.

Cristina Salas, responsable de la Escuela, subraya que el modelo no impone un molde único: cada estudiante puede elegir entre clases presenciales, la Escuela para Adultos del IES Vicente Espinel o la modalidad online. Ese contacto directo permite al equipo —formado por cinco profesionales— conocer a fondo a cada joven y ofrecer un apoyo que va mucho más allá de lo académico. La formación incluye además habilidades de comunicación, trabajo en equipo y competencias digitales que los hacen más competitivos en el mercado laboral.

Los resultados de 2024-25 ilustran tanto el avance como el reto pendiente: de 48 estudiantes que se presentaron a las pruebas libres, 28 aprobaron completamente —un 58%—, 18 superaron al menos un ámbito y la mayoría continúa este curso. Veinte jóvenes de esa promoción trabajan o realizan prácticas con posibilidades de contratación.

A finales de diciembre, Salas participó en un congreso nacional en la Universidad de Málaga y llevó una petición concreta: que la ley de Educación reconozca plenamente esta modalidad formativa. Arrabal-AID obtuvo su acreditación oficial en 2017 y opera dentro de unas 50 iniciativas similares en España, pero el reconocimiento legal sigue siendo incompleto. La escuela transforma vidas, aunque lo hace todavía desde los márgenes de un sistema que aún no las ve del todo.

Hace una década, Arrabal-AID abrió las puertas de su Escuela de Segunda Oportunidad en Málaga con una premisa simple: nadie debería quedarse fuera del sistema educativo por las circunstancias de su vida. Hoy, después de diez años de trabajo sostenido, la organización ha acompañado a más de 520 jóvenes a través de un camino que muchos creían cerrado. En el curso actual, 49 estudiantes están matriculados en un programa que les permite obtener el título de Educación Secundaria Obligatoria, el documento que les falta para acceder a empleos dignos o continuar estudios superiores.

Los perfiles de quienes llegan a esta escuela son tan variados como lo son las razones por las que el sistema educativo convencional no funcionó para ellos. Algunos son adolescentes que enfrentaron acoso escolar o barreras psicológicas que los hicieron sentir completamente desplazados en sus institutos, abandonando los estudios en segundo de la ESO. Otros tuvieron que dejar la educación para trabajar y ahora descubren que sin el título no pueden avanzar en el mercado laboral. Hay también padres y madres muy jóvenes que necesitaban reinsertarse. La edad de los estudiantes oscila entre los 16 y los 29 años, aunque la mayoría tiene entre 16 y 24. Hay paridad entre hombres y mujeres, y en los últimos años ha aumentado notablemente el número de estudiantes extranjeros.

Cristina Salas, responsable de la Escuela, explica que la formación no es un molde único sino que se adapta a las necesidades de cada persona. Los estudiantes pueden asistir a clases presenciales con el equipo de profesionales de Arrabal-AID, acceder a la Escuela para Adultos del IES Vicente Espinel, o estudiar en modalidad online. Esta flexibilidad es deliberada: Salas subraya que el contacto cara a cara permite conocer a los estudiantes más profundamente y ofrecerles apoyo que va más allá de lo académico, tocando las necesidades personales que cada uno trae consigo. El equipo está formado por María José Álvarez Morales, Juan Francisco Ruiz, Pablo Pérez, Nazaret Argal y Cristina Salas.

La formación no se limita a las materias necesarias para aprobar el examen de ESO. Arrabal-AID también enseña lo que las empresas demandan hoy: habilidades de comunicación, trabajo en equipo, capacidad digital. Imparten talleres sobre digitalización y otras competencias que transforman a estos jóvenes en candidatos más competitivos para el mercado laboral. El acompañamiento no termina cuando alguien aprueba el título. Muchos continúan en la asociación a través de otras iniciativas formativas, y el equipo los sigue hasta que logran insertarse en un trabajo.

Los números de la última promoción revelan tanto el progreso como el desafío pendiente. De los 55 estudiantes inscritos en 2024-25, 48 se presentaron a las pruebas libres. De esos 48, 28 aprobaron completamente, lo que representa un 58 por ciento de tasa de éxito. Pero el dato no cuenta toda la historia: 18 estudiantes más superaron al menos un ámbito de conocimiento, y la mayoría no se rindió sino que continúa estudiando este curso. Entre esa promoción, 20 jóvenes están trabajando actualmente o realizando prácticas con posibilidad de ser contratados. El tiempo promedio para aprobar oscila entre uno y dos cursos, dependiendo de las circunstancias personales de cada estudiante.

A finales de diciembre, las metodologías y desafíos de las Escuelas de Segunda Oportunidad fueron debatidos en un congreso nacional virtual celebrado en la Facultad de Educación de la Universidad de Málaga. Salas participó en esas conversaciones y llevó consigo una petición clara: que la ley de Educación reconozca y haga espacio para esta modalidad formativa. Porque aunque Arrabal-AID obtuvo su acreditación oficial en 2017 y funciona dentro de un marco de aproximadamente 50 iniciativas similares en toda España, el reconocimiento legal sigue siendo incompleto. La escuela sigue transformando vidas, pero lo hace en los márgenes de un sistema que aún no las ve completamente.

El contacto cara a cara permite conocer a los estudiantes más profundamente y ofrecerles apoyo que va más allá de lo académico
— Cristina Salas, responsable de la Escuela de Segunda Oportunidad
La ley de Educación necesita hacer un hueco a esta modalidad formativa
— Cristina Salas, en el congreso nacional de diciembre
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué una persona abandona la educación secundaria? ¿Es siempre por falta de capacidad?

Model

Casi nunca. He visto a estudiantes brillantes que fueron acosados hasta el punto de no poder entrar en un aula. He visto a otros que tuvieron que trabajar porque su familia lo necesitaba. Y he visto a adolescentes que se convirtieron en padres o madres y el sistema simplemente no tenía lugar para ellos.

Inventor

Entonces la Escuela de Segunda Oportunidad no es solo académica.

Model

No. Claro que enseñamos matemáticas e historia. Pero lo que realmente hacemos es decirle a alguien que su vida no está terminada, que hay un camino. Y ese camino incluye apoyo emocional, habilidades para trabajar, alguien que te conoce y te ve.

Inventor

El 58 por ciento de aprobados suena bien, pero ¿qué pasa con el otro 42 por ciento?

Model

No fracasan. Algunos aprueban parcialmente y continúan estudiando. Otros están trabajando mientras siguen intentándolo. El título es importante, pero no es el único éxito. Ver a alguien que estaba completamente perdido encontrar un empleo, eso es el verdadero resultado.

Inventor

¿Qué necesita esta escuela para crecer?

Model

Reconocimiento legal. Ahora operamos en los márgenes del sistema educativo. Si la ley nos viera como lo que somos —una solución real para un problema real— podríamos llegar a más personas. Hay jóvenes que ni siquiera saben que existimos.

Inventor

¿Cuál es la diferencia entre esta escuela y un instituto tradicional?

Model

Aquí no hay un horario rígido que no funciona para todos. No hay un profesor que no te ve. Aquí hay flexibilidad, hay personas que te conocen, y hay un propósito claro: tu inserción laboral. No es solo educación. Es reconstrucción.

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