Tecnalia desarrolla un casco con nanopartículas que estimula neuronas contra el párkinson e ictus

Con dinero se pueden hacer cosas muy importantes en muy poco tiempo
Ramos reflexiona sobre cómo su equipo completó en dieciocho meses lo que típicamente toma el doble de tiempo.

Desde los laboratorios de Tecnalia, un equipo de investigadores ha abierto una vía inesperada en la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas: nanopartículas que atraviesan la barrera más vigilada del cuerpo humano para llevar estimulación directamente a las neuronas dañadas. En dieciocho meses, lo que parecía una frontera infranqueable —la imprecisión de los tratamientos actuales contra el párkinson y el ictus— ha cedido ante un prototipo que combina biología molecular y física aplicada. El camino hacia la clínica aún es largo, pero la dirección, por primera vez, parece clara.

  • Los tratamientos convencionales contra el ictus y el párkinson fracasan porque no alcanzan las regiones cerebrales profundas donde ocurre el daño real, dejando a millones de pacientes sin opciones efectivas.
  • El equipo de Ander Ramos en Tecnalia desarrolló en solo 18 meses un casco con nanopartículas inyectables que sortean la barrera hematoencefálica y estimulan neuronas específicas con luz láser o campos electromagnéticos.
  • En ratones con ictus isquémico se redujo significativamente el volumen de la lesión cerebral, y en modelos de párkinson disminuyeron los temblores y la rigidez muscular, validando el concepto en animales vivos.
  • La financiación actual se ha agotado y aún quedan pruebas en primates u organoides antes de poder solicitar ensayos en humanos, lo que convierte la búsqueda de apoyo público y privado en el obstáculo más urgente.
  • Si se obtienen los recursos necesarios, el tratamiento podría llegar a pacientes en aproximadamente dos años más, con nanopartículas que se eliminan naturalmente y sin necesidad de inyecciones repetidas.

Ander Ramos Murguialday, investigador senior en Tecnologías Médicas de Tecnalia, lleva dieciocho meses trabajando en un problema que ha frustrado a la neurología durante décadas: cómo llevar tratamiento efectivo al interior del cerebro sin que la barrera hematoencefálica lo detenga. Los medicamentos contra el ictus no logran cruzarla, y la estimulación eléctrica o magnética convencional solo alcanza las capas superficiales de la corteza, dejando intactas las zonas donde el daño es más profundo.

La respuesta de su equipo fue rodear el obstáculo en lugar de enfrentarlo. Diseñaron nanopartículas que, inyectadas en el torrente sanguíneo, atraviesan esa barrera y se instalan junto a las células cerebrales que necesitan estimulación. Un casco equipado con decenas de sensores aplica entonces luz láser o campos electromagnéticos para calentar las partículas, lo que activa las neuronas vecinas y repara las conexiones dañadas. En ratones con ictus isquémico, el volumen de la lesión se redujo de forma notable. En modelos de párkinson, los temblores y la rigidez disminuyeron. Todo ello en un plazo que proyectos similares raramente logran.

Ahora el equipo enfrenta la fase más lenta del proceso. Antes de cualquier ensayo en humanos, deben probar el sistema en primates y posiblemente en organoides o tejido cadavérico para garantizar su seguridad. Con financiación adecuada, Ramos estima que ese camino tomaría unos dos años más. El problema es que los fondos actuales se han agotado y el equipo debe buscar nuevos apoyos públicos y privados.

Cuando llegue a la clínica, el tratamiento sería sencillo en su aplicación: una inyección, un período de acción, y luego las nanopartículas se eliminan de forma natural a través de la orina. Ramos también ve el potencial del mecanismo más allá del párkinson y el ictus, apuntando al alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas como territorios donde la misma lógica podría aplicarse. El reto ahora no es científico, sino financiero: encontrar quién esté dispuesto a llevar esta tecnología desde el laboratorio hasta el paciente.

Ander Ramos Murguialday sostiene que su equipo en Tecnalia ha logrado algo que parecía esquivo: demostrar que es posible hacer neuromodulación efectiva contra enfermedades neurodegenerativas. El investigador senior en Tecnologías Médicas ha pasado los últimos dieciocho meses desarrollando un casco equipado con decenas de sensores que, en pruebas con ratones, ha mostrado capacidad para reparar y fortalecer conexiones neuronales dañadas por ictus y párkinson.

El problema que Ramos y su equipo intentaban resolver es viejo y frustrante. Los medicamentos contra el ictus tienen poco éxito porque no logran atravesar la barrera hematoencefálica, esa frontera selectiva que protege el cerebro. La estimulación magnética y eléctrica convencional tampoco funciona bien: son imprecisas y solo alcanzan las capas superficiales de la corteza cerebral, dejando intactas las regiones más profundas donde ocurre el daño real. El equipo de Tecnalia decidió atacar el problema desde otro ángulo.

Su solución se basa en nanopartículas diseñadas específicamente que se inyectan en el torrente sanguíneo. Estas partículas tienen una propiedad notable: pueden atravesar la barrera hematoencefálica y llegar hasta las células cerebrales específicas que necesitan estimulación. Una vez en su lugar, el casco utiliza luz láser o campos electromagnéticos para calentar las nanopartículas, lo que a su vez estimula las neuronas cercanas. El resultado es que las neuronas alteran su patrón de comunicación, reparando y reforzando las conexiones dañadas.

En los ratones con ictus isquémico, el sistema logró una reducción importante del volumen de la lesión cerebral, aunque Ramos es cauteloso al hablar de los números exactos. Para el párkinson, el dispositivo disminuyó tanto los temblores como la rigidez muscular característica de la enfermedad. Lo notable es que todo esto se desarrolló en dieciocho meses, un tiempo extraordinariamente corto considerando que proyectos similares suelen tomar el doble y requieren financiación mucho mayor. El equipo pasó de hacer pruebas en placas de laboratorio con células a trabajar con animales vivos y construir un prototipo funcional.

Ahora viene la parte más lenta. Antes de que cualquier humano pueda recibir este tratamiento, Ramos y su equipo deben completar varios pasos intermedios. Necesitan probar el sistema en primates y posiblemente en organoides o tejido cadavérico para asegurar que sea seguro. Solo entonces podrán solicitar autorización para ensayos clínicos en personas. Con la financiación adecuada, estima que esto tomaría dos años más. El problema es que la financiación actual se ha agotado, así que el equipo debe buscar apoyo público y privado nuevo.

La aplicación clínica, cuando llegue, sería relativamente sencilla. Las nanopartículas se inyectarían en una clínica, permanecerían en el cerebro el tiempo necesario para hacer su trabajo, y luego se eliminarían naturalmente a través de la orina. No habría necesidad de inyecciones repetidas cada poco tiempo. El tratamiento podría combinarse con otras medidas terapéuticas, funcionando como complemento a medicamentos u otras intervenciones.

Ramos ve el potencial del sistema más allá del ictus y el párkinson. Teóricamente, el mismo mecanismo de neuromodulación podría funcionar contra el alzhéimer u otras enfermedades neurodegenerativas. Lo que ha demostrado es que con suficiente financiación y tiempo, es posible desarrollar tecnologías médicas transformadoras con velocidad sorprendente. Ahora el desafío es encontrar las entidades dispuestas a invertir en llevar esta tecnología desde el laboratorio de ratones hasta la clínica humana.

La máquina prueba que se puede hacer neuromodulación contra las patologías neurodegenerativas
— Ander Ramos Murguialday, investigador senior en Tecnalia
Lo que demuestra este sistema es que con dinero se pueden hacer cosas muy importantes con muy poco tiempo
— Ander Ramos Murguialday
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué las nanopartículas logran lo que los medicamentos convencionales no pueden?

Model

Porque son tan pequeñas que pueden atravesar la barrera hematoencefálica sin ser bloqueadas. Los fármacos normales son moléculas grandes que simplemente no pasan. Las nanopartículas, además, se pueden dirigir a células específicas, no van a todas partes.

Inventor

¿Y la luz láser o los campos electromagnéticos qué hacen exactamente?

Model

Calientan las nanopartículas. Ese calor localizado estimula las neuronas cercanas, cambiando cómo se comunican entre sí. Es como encender un interruptor muy preciso en el lugar exacto donde lo necesitas.

Inventor

Dieciocho meses parece muy rápido para algo así. ¿Qué permitió ir tan deprisa?

Model

Que el equipo era pequeño, enfocado, y sabía exactamente qué problema estaba resolviendo. No había burocracia interna. Y honestamente, cuando tienes una idea clara y gente talentosa, las cosas avanzan. Pero también tuvimos suerte con la financiación inicial.

Inventor

¿Por qué no pueden pasar directamente a humanos si funciona en ratones?

Model

Porque los ratones no son humanos. Sus cerebros son diferentes, su fisiología es diferente. Necesitamos ver cómo responden primates, que son más parecidos a nosotros. Y necesitamos estar seguros de que las nanopartículas no causan efectos secundarios inesperados a largo plazo.

Inventor

¿Cuál es el verdadero obstáculo ahora?

Model

El dinero. Hemos gastado la financiación que teníamos. Para continuar necesitamos inversión pública y privada nueva. La ciencia está lista, la tecnología funciona. Lo que falta es capital.

Inventor

¿Crees que esto podría cambiar cómo tratamos las enfermedades del cerebro?

Model

Sí, pero solo si logramos que llegue a los pacientes. Lo que hemos demostrado es que la neuromodulación precisa es posible. Eso abre puertas que estaban cerradas.

Contact Us FAQ