El ciclo predecible se interrumpió de manera inesperada
En el Golfo de Panamá, un ciclo que durante cuatro décadas marcó el ritmo de la vida marina se interrumpió por completo en 2025: el afloramiento costero, ese ascenso de aguas frías y nutritivas que sostiene las pesquerías y los ecosistemas del golfo, no ocurrió como debía. Un estudio en PNAS documenta por primera vez esta supresión total, atribuida principalmente a una caída drástica en la frecuencia e intensidad de los vientos del norte, y advierte que la vulnerabilidad de los sistemas tropicales ante el cambio climático es más profunda de lo que los registros históricos habían revelado. Las comunidades que dependen del mar para alimentarse enfrentan ahora una incertidumbre que el océano, hasta este año, nunca les había impuesto.
- Por primera vez en 40 años de registros, el afloramiento costero del Golfo de Panamá se suprimió por completo en 2025, dejando el ecosistema marino sin su principal fuente de nutrientes.
- Los vientos del norte que impulsan el fenómeno cayeron un 74% en frecuencia, y el enfriamiento superficial llegó 42 días tarde, duró apenas 12 días y nunca alcanzó las temperaturas históricas.
- Sin aguas frías, los arrecifes de coral quedan expuestos a mayor estrés térmico y riesgo de blanqueamiento, mientras la cadena alimentaria marina enfrenta un colapso de productividad en cascada.
- Las comunidades costeras que dependen de la pesca de subsistencia y comercial ven amenazada su seguridad alimentaria ante una reducción drástica que aún no tiene precedente en la memoria colectiva.
- Los investigadores advierten que los sistemas de afloramiento tropical siguen siendo poco monitoreados, y que anticipar eventos como este sin mayor comprensión regional seguirá siendo un desafío crítico.
En el Golfo de Panamá, entre enero y abril de cada año, aguas frías y ricas en nutrientes ascienden desde las profundidades del océano, poniendo en marcha el motor de toda la vida marina de la región. Durante cuatro décadas, este afloramiento costero fue tan predecible como las estaciones: comenzaba alrededor del 20 de enero, duraba unos 66 días y enfriaba las aguas hasta los 19 grados Celsius. En 2025, ese ciclo se rompió por primera vez.
Un estudio publicado en PNAS documenta la supresión total del fenómeno. La temperatura superficial no bajó de 25 grados hasta el 4 de marzo, con 42 días de retraso respecto al promedio histórico. Cuando el enfriamiento llegó, duró apenas 12 días —una reducción del 82%— y la temperatura mínima registrada fue de 23,3 grados, muy por encima de lo habitual. Los investigadores analizaron cuatro décadas de registros satelitales y tres décadas de mediciones directas, encontrando una ausencia casi total de la mezcla vertical que caracteriza al afloramiento.
La causa principal apunta a los vientos del norte, que normalmente desplazan las aguas superficiales y permiten que el agua profunda ascienda. En 2025, su frecuencia cayó un 74%, los períodos de calma fueron 25% más largos y su fuerza acumulada se redujo considerablemente. Los autores vinculan esta anomalía con la posición atípica de la Zona de Convergencia Intertropical durante un episodio de La Niña débil, aunque subrayan que el golfo ha sobrevivido ciclos de El Niño más intensos sin interrupciones similares, lo que apunta a factores regionales aún poco comprendidos.
Las consecuencias son inmediatas y profundas. Sin el aporte de nutrientes del afloramiento, la productividad primaria del océano disminuirá con efectos en cascada sobre las redes alimentarias. Las pesquerías comerciales y de subsistencia enfrentan una reducción drástica, y los arrecifes de coral, privados del enfriamiento periódico, quedan vulnerables a blanqueamientos más severos. Los investigadores advierten que los sistemas tropicales de afloramiento siguen siendo los menos monitoreados del planeta, y que sin una comprensión más profunda de sus dinámicas regionales, gestionar eventos como el de 2025 seguirá siendo un desafío que las comunidades costeras apenas comienzan a dimensionar.
En el Golfo de Panamá, entre enero y abril de cada año, ocurre un fenómeno tan predecible como la lluvia: aguas frías y cargadas de nutrientes suben desde las profundidades del océano hacia la superficie, tiñendo el ecosistema de vida. Durante cuatro décadas, este afloramiento costero ha sido el motor de la productividad marina, alimentando el fitoplancton que sostiene toda la cadena alimentaria y, con ella, las pesquerías que alimentan a las comunidades costeras. En 2025, ese ciclo se rompió por primera vez.
Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences documenta lo que los científicos describen como un evento sin precedentes: la supresión total del afloramiento. Los datos son contundentes. En años normales, el fenómeno comienza alrededor del 20 de enero, dura aproximadamente 66 días y enfría las aguas superficiales hasta los 19 grados Celsius, con extremos históricos que descienden hasta los 14,9 grados. Este año, la temperatura superficial no bajó de 25 grados hasta el 4 de marzo, un retraso de 42 días respecto al promedio histórico. Cuando finalmente llegó el enfriamiento, duró apenas 12 días, una reducción del 82 comparada con años anteriores. La temperatura mínima registrada fue de 23,3 grados, muy por encima de lo habitual.
Los investigadores analizaron cuatro décadas de registros satelitales de temperatura marina, tres décadas de mediciones directas en el área y perfiles de agua recolectados desde un velero de investigación. Lo que encontraron fue una ausencia casi total de la mezcla vertical característica del afloramiento. En lugar de ello, el agua mostró una marcada separación de capas de temperatura, como si el océano hubiera perdido la capacidad de revolver sus propias aguas.
La causa principal apunta a los vientos. Los llamados jets de viento del norte, que normalmente se forman cuando la Zona de Convergencia Intertropical llega a su punto más al sur, son los responsables de desplazar las aguas superficiales y permitir que el agua profunda ascienda. En 2025, estos vientos fueron menos frecuentes, menos intensos y más breves. Los datos muestran una reducción del 74 por ciento en la frecuencia de estos vientos, períodos de relajación eólica 25 por ciento mayores y una fuerza acumulada del viento considerablemente reducida. El análisis regional confirmó velocidades de viento anómalamente bajas en toda la zona marina.
Los autores sugieren que la posición atípica de la Zona de Convergencia Intertropical durante un fenómeno de La Niña débil pudo haber influido en la formación anómala de estos vientos. Sin embargo, subrayan un punto crucial: el Golfo de Panamá ha atravesado ciclos de El Niño-Oscilación del Sur más intensos sin que se registrara una interrupción similar. Esto indica que no solo intervienen los patrones climáticos globales, sino también factores regionales aún poco comprendidos.
Las consecuencias ecológicas y económicas son inmediatas y profundas. Sin el aporte de nutrientes del afloramiento, la productividad primaria del océano probablemente disminuirá, con efectos en cascada a través de las redes alimentarias marinas. Las pesquerías comerciales y de subsistencia enfrentan el riesgo de una reducción drástica. Además, la ausencia de aguas frías incrementa el estrés térmico sobre los arrecifes de coral, que normalmente se benefician del enfriamiento periódico. Expuestos a períodos más prolongados de altas temperaturas, quedan vulnerables a episodios de blanqueamiento más severos y extensos.
Lo que hace este evento particularmente preocupante es que los sistemas de afloramiento tropical, a pesar de su importancia ecológica y económica, siguen siendo poco monitoreados y estudiados. Los investigadores advierten que, a diferencia de los sistemas en latitudes templadas donde los vientos tienden a intensificarse con el cambio climático, las respuestas de los sistemas tropicales son muy variables y dependen de condiciones locales. Sin una comprensión más profunda de estas dinámicas regionales, anticipar y gestionar eventos extremos como el de 2025 seguirá siendo un desafío. El Golfo de Panamá, que durante décadas confió en la regularidad de sus aguas, ahora enfrenta una incertidumbre que sus comunidades costeras apenas comienzan a entender.
Citações Notáveis
El fracaso del afloramiento probablemente reducirá la productividad primaria, con efectos en cascada a través de las redes alimentarias marinas y descensos en las pesquerías comerciales y de subsistencia— Estudio publicado en PNAS
Los sistemas de afloramiento tropicales, a pesar de su importancia ecológica y económica, siguen siendo poco monitoreados y estudiados— Investigadores del estudio
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué importa tanto que un fenómeno oceánico se interrumpa una sola vez?
Porque durante 40 años fue tan predecible que toda la vida marina y la economía costera se organizó alrededor de él. Cuando desaparece, no es solo una anomalía meteorológica, es el colapso de un sistema que alimenta a miles de personas.
¿Qué significa exactamente que los vientos fueron 74 por ciento menos frecuentes?
Significa que los vientos que normalmente empujan el agua fría hacia arriba casi no soplaron. Es como si el mecanismo que hace funcionar todo el ecosistema simplemente se apagara.
¿Podría volver a ocurrir?
Eso es lo que asusta a los científicos. No saben si fue una anomalía única o el primer síntoma de un cambio más profundo. Los sistemas tropicales responden de formas impredecibles al cambio climático.
¿Qué pasa con los arrecifes de coral?
Sin el enfriamiento periódico que proporciona el afloramiento, quedan expuestos a temperaturas más altas durante más tiempo. Eso acelera el blanqueamiento, que es cuando los corales expulsan las algas que los alimentan y mueren.
¿Las comunidades costeras ya sienten el impacto?
Probablemente. Si el fitoplancton disminuye, los peces que dependen de él también disminuyen. Para una comunidad que vive de la pesca, eso es una crisis inmediata.
¿Por qué los científicos no lo vieron venir?
Porque en 40 años de registros, nunca había ocurrido. Los sistemas tropicales son menos estudiados que los de latitudes templadas, y sus respuestas al cambio climático son mucho más variables y locales.