Airbus, Leonardo y Thales crean gigante espacial europeo para rivalizar con SpaceX

Europa se dio cuenta de que no podía confiar en sus antiguos socios
La invasión rusa de Ucrania aceleró la necesidad europea de crear capacidades espaciales independientes.

En un momento en que la dependencia tecnológica se ha convertido en vulnerabilidad geopolítica, tres pilares de la industria europea —Airbus, Leonardo y Thales— han sellado una alianza histórica para crear un coloso espacial con sede en Toulouse. La empresa conjunta, valorada en 6.000 millones de euros anuales y respaldada por 25.000 empleados, no nace solo de la ambición comercial, sino del temor: el vacío dejado por la guerra en Ucrania y el ascenso sin rival de SpaceX han recordado a Europa cuán frágil puede ser la soberanía cuando depende de decisiones ajenas. Este acuerdo es, en su esencia, una apuesta por la autonomía en una era donde el espacio se ha convertido en el nuevo campo de batalla estratégico.

  • La invasión rusa de Ucrania en 2022 cortó de golpe el acceso europeo a los cohetes Soyuz, dejando al continente expuesto y sin alternativa propia en el mercado orbital.
  • SpaceX llenó ese vacío con una velocidad que tomó por sorpresa a los gobiernos europeos, consolidando un dominio que combina cohetes reutilizables, satélites Starlink y contratos masivos de defensa estadounidense.
  • El vínculo político de Elon Musk con la administración Trump ha intensificado la alarma en Europa, convirtiendo la dependencia tecnológica en una amenaza directa a la autonomía estratégica del continente.
  • Airbus, Leonardo y Thales responden con una empresa conjunta que reunirá sus divisiones espaciales más valiosas —incluyendo Telespazio y Thales Alenia Space— bajo un mismo techo operativo en 2027.
  • Con acceso potencial a 800.000 millones de euros en financiación europea y nacional, el nuevo gigante no solo busca competir comercialmente, sino blindar la soberanía tecnológica de Europa ante un mundo cada vez más incierto.

Airbus, Leonardo y Thales han anunciado la creación de una empresa conjunta dedicada al espacio que aspira a plantar cara a SpaceX, el gigante estadounidense que hoy domina el mercado global de cohetes y satélites sin competidor real a la vista. La nueva entidad tendrá sede en Toulouse, generará una facturación anual de unos 6.000 millones de euros y dará empleo a 25.000 trabajadores procedentes de las tres firmas, sin despidos ni cierres de instalaciones. Airbus controlará el 35% del capital; Leonardo y Thales, el 32,5% cada una. La empresa espera estar operativa en 2027.

Para comprender la urgencia del momento, hay que retroceder a 2022. Durante años, Europa había reducido su inversión en tecnología de cohetes y dependía del cosmódromo de Baikonur y de los Soyuz soviéticos para acceder al espacio. La invasión rusa de Ucrania cerró esa puerta de golpe. En el vacío resultante, SpaceX aceleró su dominio con cohetes reutilizables y la constelación Starlink, mientras los líderes europeos observaban con creciente inquietud.

Lo que ha agudizado esa inquietud no es solo la superioridad técnica de la compañía de Elon Musk, sino su dimensión política. La cercanía de Musk a Donald Trump, los contratos multimillonarios de defensa dirigidos hacia SpaceX y las dudas públicas sobre el valor de la alianza transatlántica han convertido la dependencia tecnológica en una amenaza a la autonomía estratégica europea.

El modelo que inspira esta alianza es MBDA, la empresa de defensa conjunta que ya demostró que integrar capacidades militares a escala europea era posible. Ahora, el nuevo coloso espacial podrá acceder a una financiación potencial de hasta 800.000 millones de euros en fondos europeos y presupuestos nacionales. Para los analistas, la carrera por el espacio se ha convertido en la mayor competencia estratégica desde las Guerras Mundiales.

Tres de las mayores empresas de defensa y tecnología de Europa han cerrado un acuerdo que llevaba años gestándose en los pasillos de los ministerios y las salas de juntas: Airbus, Leonardo y Thales crearán una empresa conjunta dedicada al espacio que aspira a competir directamente con SpaceX, la compañía estadounidense que hoy domina sin rival el mercado global de cohetes y satélites. El anuncio, adelantado por Financial Times y confirmado después por las propias compañías, marca un punto de inflexión en la estrategia industrial europea.

La nueva entidad, con sede en Toulouse, generará una facturación anual de alrededor de 6.000 millones de euros. Airbus controlará el 35% del capital, mientras que Leonardo y Thales tendrán cada una el 32,5%. El proyecto empleará a 25.000 trabajadores procedentes de las tres firmas, y las compañías han dejado claro que no habrá despidos ni cierre de instalaciones. Airbus aportará sus divisiones de Space Systems y Space Digital; Leonardo traerá la red satelital Telespazio; Thales contribuirá con su división Thales Alenia Space, participada también por Leonardo, y Thales SESO. La empresa conjunta espera estar operativa a partir de 2027.

Para entender por qué Europa siente esta urgencia ahora, hay que mirar atrás. Durante años, antes de la invasión rusa de Ucrania, Occidente había reducido drásticamente su inversión en tecnología de cohetes. Europa dependía del cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, y de los cohetes soviéticos Soyuz para acceder al espacio. Esa cooperación se evaporó cuando Rusia invadió Ucrania en 2022. En ese vacío, SpaceX aceleró su dominio. La compañía de Elon Musk había estado desarrollando durante años sistemas revolucionarios: cohetes reutilizables como el Falcon y la constelación de satélites de órbita baja Starlink, que promete conectividad global.

Pero lo que ha puesto realmente nerviosos a los líderes europeos no es solo la superioridad técnica de SpaceX. Es la política. El posicionamiento de Musk durante su relación con Donald Trump, sus mensajes provocadores a través de X (la antigua Twitter), y sobre todo el flujo de contratos multimillonarios de defensa y exploración espacial que la administración estadounidense ha dirigido hacia SpaceX mientras cuestionaba públicamente el valor de la alianza transatlántica, han generado una sensación de vulnerabilidad geopolítica en Europa. Los dirigentes europeos ven en ello una amenaza a su autonomía tecnológica y estratégica.

La idea de crear un gigante espacial europeo no es nueva. Lleva años circulando en los despachos de las principales cancillerías y en las salas de juntas de las grandes empresas. El modelo de referencia ha sido MBDA, la empresa de defensa conjunta creada por Airbus, BAE Systems y Leonardo, que demostró que era posible integrar capacidades militares a escala europea. Ahora, el nuevo coloso espacial podrá acceder a una financiación potencial de hasta 800.000 millones de euros de fondos europeos, además de los presupuestos nacionales que los gobiernos están engrosando para fortalecer sus capacidades espaciales propias. La carrera por el espacio, dicen los analistas, es ahora la mayor competencia armamentista desde las Guerras Mundiales.

Las tres compañías han indicado que la alianza empleará a 25.000 trabajadores procedentes de las tres firmas y han señalado que no se realizarán ni despidos ni cierre de plantas
— Airbus, Leonardo y Thales
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Europa espera hasta ahora para hacer esto? ¿No debería haber actuado hace años?

Model

Porque la realidad geopolítica cambió de repente. Mientras Occidente estaba desmoralizado y dependía de Rusia para llegar al espacio, SpaceX estaba construyendo en silencio. Luego vino Ucrania, y de pronto Europa se dio cuenta de que no podía confiar en sus antiguos socios ni en que Estados Unidos mantuviera sus compromisos.

Inventor

Pero SpaceX ya tiene años de ventaja. ¿Puede Europa alcanzarla?

Model

No en todo. SpaceX es más ágil, más rápida, más barata. Pero Europa tiene algo que SpaceX no tiene: dinero público masivo, experiencia militar consolidada, y la legitimidad política de ser una alternativa a la dependencia estadounidense. Eso importa cuando los gobiernos deciden dónde ponen sus satélites.

Inventor

¿Y los trabajadores? ¿Realmente no habrá despidos?

Model

Eso es lo que dicen. Pero integrar tres empresas enormes en una sola siempre significa reorganización. Lo que probablemente significa es que no habrá despidos masivos, pero sí movimientos, reestructuraciones, cambios de rol. Es la forma corporativa de decir que habrá dolor, pero controlado.

Inventor

¿Cuándo sabremos si esto funciona?

Model

En 2027, cuando la empresa esté operativa. Pero el verdadero test será después: si logran lanzar satélites competitivos, si los gobiernos europeos realmente les dan contratos en lugar de seguir comprando a SpaceX, si pueden mantener la cohesión entre tres culturas corporativas muy diferentes. Eso es lo difícil.

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