AgroUrbana, pionera de lechugas verticales con US$11M levantados, cesa operaciones

Aproximadamente 50 trabajadores fueron finiquitados en mayo de 2026 tras el cierre de operaciones de la empresa.
En la escala está el premio, repetían constantemente
Los fundadores creían que multiplicar la producción por 20 en tres años era posible, pero nunca lograron dar ese salto.

AgroUrbana finiquitó a 50 trabajadores en mayo y cerró su planta en Quilicura el 12 de junio tras decidir hacer una pausa ordenada antes de chocar con una muralla financiera. La startup producía 2.500 kilos de lechuga semanales con facturación de $100 millones mensuales, pero nunca alcanzó break even y operaba con menos de la mitad de su capacidad instalada.

  • AgroUrbana levantó US$11,5 millones en tres rondas de financiamiento entre 2018 y 2024
  • Finiquitó a 50 trabajadores en mayo y cerró su planta en Quilicura el 12 de junio de 2026
  • Producía 2.500 kilos de lechuga semanales con facturación de $100 millones mensuales, pero nunca alcanzó break even
  • Necesitaba entre $1.500 y $2.000 millones para continuar hasta fines de 2027

AgroUrbana, startup pionera de agricultura vertical en Latinoamérica que recaudó US$11,5 millones, cesó operaciones en junio tras no encontrar socio estratégico para financiar su expansión. La empresa necesitaba entre $1.500 y $2.000 millones para continuar hasta fines de 2027.

En el primer trimestre de 2026, la junta directiva de AgroUrbana tomó una decisión que parecía inevitable: detener las operaciones de lo que había sido presentado como la primera planta de agricultura vertical a gran escala de Latinoamérica. El directorio, integrado por inversores como Andrés Pesce de Kayyak Ventures, Max Valdés de Amarena, un representante de Fundación Chile y miembros de la familia Galmez, junto a los fundadores Cristián Sjögren y Pablo Bunster, reconoció que la empresa necesitaba recursos que simplemente no tenía para continuar escalando. Antes de que el proyecto chocara contra una pared financiera, decidieron hacer una pausa ordenada.

La búsqueda de un socio estratégico que liderara una eventual serie B se intensificó durante el verano, pero el esfuerzo fracasó. Ninguno de los inversores actuales estaba dispuesto a encabezar la nueva ronda de financiamiento. La empresa necesitaba entre 1.500 y 2.000 millones de pesos para llegar hasta fines de 2027, según personas familiarizadas con el proceso. Sin esa inyección de capital, el futuro se veía imposible.

La historia de AgroUrbana había comenzado años atrás, cuando Sjögren, ingeniero civil, y Bunster, ingeniero comercial, se conocieron en 2009 durante un MBA en Estados Unidos. Ambos provenían del sector energético; Sjögren había vendido su empresa Solar Chile a la multinacional First Solar en 2013. A fines de 2017, durante un año sabático en San Francisco, Sjögren vio un video sobre agricultura vertical en contenedores. La reacción fue inmediata: Chile tenía energía barata y abundante, y podía hacerse con energía renovable. En 2018 levantaron 600 mil dólares de familiares y amigos, arrendaron una pequeña oficina de seis metros cuadrados en Las Condes y cultivaron su primera lechuga, que al principio buscaba desesperadamente la luz de las ventanas. Para 2019 habían montado una planta de 400 metros cuadrados en Quilicura, y los dos socios eran los operarios: Bunster se sacaba el delantal para distribuir personalmente la producción, manteniendo el aire acondicionado al máximo para no romper la cadena de frío. Vendían 20 kilos semanales. El primer cliente fue el restaurante Bidasoa.

Desde ahí, el proyecto atrajo inversores de peso. Una ronda de 900 mil dólares con el fondo Clin de Fundación Chile en 2019 fue seguida por una serie A de 4 millones de dólares liderada por Kayyak Ventures en 2021. En 2024 cerraron una pre-serie B de 6 millones de dólares encabezada por ALB Inversiones, el family office de las hermanas Anita y Loreto Briones, con la participación del presidente de la Bolsa de Santiago Juan Andrés Camus, Amarena del grupo Angelini, y Maximiliano Ibáñez de Córpora. En total, la empresa había levantado cerca de 11,5 millones de dólares. Pero el negocio nunca alcanzó el punto de equilibrio financiero.

En sus últimos meses de operación, AgroUrbana producía alrededor de 2.500 kilos de lechuga a la semana y facturaba cerca de 100 millones de pesos mensuales. El plan original era llenar los 4.000 metros cuadrados de su planta con lo que los fundadores llamaban "bosques de lechuga", el equivalente a 20 hectáreas, multiplicando la producción por 20 en tres años. "En la escala está el premio", repetían constantemente. Pero ese salto nunca llegó a concretarse. Cuando decidieron cerrar, estaban utilizando menos de la mitad del potencial de producción que tenían disponible.

A principios de mayo de 2026, la empresa finiquitó a cerca de 50 trabajadores. Avisaron a clientes y proveedores con anticipación y utilizaron lo poco de efectivo que les quedaba para hacer un cierre ordenado. El 12 de junio se apagaron las luces de la planta en Quilicura. La infraestructura quedó disponible por si aparecía un comprador interesado.

Este desenlace no es exclusivamente chileno. La agricultura vertical experimentó su propia resaca después de la euforia de 2021, cuando hubo al menos 46 transacciones en el sector por más de 1.500 millones de dólares. Gigantes como Bowery, que llegó a valorarse en 2.300 millones de dólares pero vio su valorización rebajada más de 85% en una ronda posterior con el fondo Fidelity, junto con AeroFarms y Kalera, terminaron quebradas o reestructuradas. AgroUrbana, sin embargo, aún busca un socio estratégico tanto en Chile como en el extranjero, y hay esperanzas de que eventualmente pueda retomar sus operaciones.

Me sacaba el delantal y salía a repartir, con el aire acondicionado al máximo para no perder la cadena de frío. Vendíamos 20 kilos semanales
— Pablo Bunster, cofundador de AgroUrbana
Tenemos energía barata y abundante en Chile y lo podemos hacer con energía renovable
— Cristián Sjögren, cofundador de AgroUrbana
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué una empresa que había levantado 11 millones de dólares no pudo simplemente seguir adelante?

Model

Porque levantar dinero no es lo mismo que tener un negocio rentable. Producían 2.500 kilos semanales pero necesitaban 20 veces eso para justificar la infraestructura que habían construido. Estaban usando menos de la mitad de su capacidad.

Inventor

¿Y por qué no pudieron encontrar ese dinero adicional?

Model

Porque el sector entero cambió. En 2021 había un frenesí de inversión en agricultura vertical. Para 2026, los inversores habían visto quebrar a empresas mucho más grandes. Bowery perdió el 85% de su valorización. El riesgo se veía demasiado alto.

Inventor

Pero ellos tenían clientes, tenían producción funcionando...

Model

Sí, pero eso no es suficiente si no llegas a break even. Facturaban 100 millones de pesos al mes, pero los costos de operación eran mayores. Sin escala, el modelo no funciona. Y para llegar a escala necesitaban entre 1.500 y 2.000 millones de pesos más.

Inventor

¿Qué pasó con los 50 trabajadores?

Model

Los finiquitaron en mayo. La empresa hizo las cosas de forma ordenada: avisó con anticipación, usó el efectivo que le quedaba para hacer un cierre limpio. No fue un colapso repentino, fue una decisión consciente de parar antes de que fuera demasiado tarde.

Inventor

¿Hay alguna posibilidad de que vuelvan?

Model

Buscan un socio estratégico. La planta sigue en pie, la infraestructura está disponible. Si encuentran a alguien dispuesto a invertir en el sector nuevamente, podrían retomar. Pero eso depende de que el mercado cambie de opinión sobre la agricultura vertical.

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