Llegué con la intención de hacer historia y me lo marqué como objetivo
En el umbral de una nueva temporada, Aarón Escandell —guardameta del Oviedo y mejor jugador de agosto en la Primera División española— elige definirse no por la sombra de quien lo precedió, sino por la historia que aún no se ha escrito. Su reconocimiento individual llega envuelto en un gesto colectivo: el mérito, dice, pertenece a todos. En el fútbol, como en tantas otras empresas humanas, la grandeza personal y la grandeza compartida no siempre se contradicen; a veces, una es la condición de la otra.
- Escandell llega a la Primera División con el peso silencioso de las comparaciones: su antecesor Leo dejó una huella que el vestuario recuerda con afecto, y el nuevo portero debe encontrar su propio espacio sin caer en esa trampa.
- El equipo arrastra una dinámica que necesita corrección: el partido contra el Getafe, jugado bajo un calor extremo, mostró una salida de balón demasiado directa que no refleja la idea de juego que el entrenador exige.
- La unidad del vestuario y la confianza en el proyecto del técnico son los pilares sobre los que Escandell construye su optimismo, convencido de que los entrenamientos revelan un nivel colectivo capaz de revertir la situación.
- Frente al Elche, el Oviedo llega sin la presión artificial que generaría pensar en el Barcelona que viene después: once contra once, nadie es superior a nadie, y esa convicción es en sí misma una ventaja mental.
- Escandell redefine el éxito desde la portería: prefiere encajar setenta goles y salvar la categoría antes que acumular porterías a cero mientras el equipo cae; los números personales son secundarios al objetivo colectivo.
Aarón Escandell recibe el premio al mejor jugador de agosto con la serenidad de quien sabe que el reconocimiento no le pertenece solo a él. Lo primero que hace es repartirlo. «Es algo de todos», dice el portero del Oviedo. «Todos me han ayudado a que esté bien.» No es un gesto de falsa modestia: es la lógica de un guardameta que entiende su posición como el último eslabón de una cadena colectiva.
La comparación con su predecesor, Leo, es inevitable en cualquier conversación sobre su llegada al club. Escandell la esquiva con elegancia y firmeza. «Nunca me obsesioné con ser mejor que él», explica. «Llegué con la intención de hacer historia y me lo marqué como objetivo.» No se trata de superar a nadie, sino de ser él mismo y contribuir a que el equipo logre cosas que aún no ha logrado.
El próximo partido contra el Elche concentra toda su atención. Ha estudiado cómo el rival construye desde atrás, cómo evita el riesgo innecesario. «Creemos que podemos hacerles daño e ir allí a ganar», dice. Y añade algo revelador: «No tenemos presión. Nadie nos ha dicho que debamos ganar porque luego venga el Barça.» En el fútbol, el partido que importa es siempre el siguiente.
El encuentro ante el Getafe dejó lecciones pendientes: el equipo jugó demasiado directo, lejos de la salida de balón que el entrenador exige. Cada entrenamiento es ahora una oportunidad para corregirlo. Sobre las porterías a cero, Escandell tiene una jerarquía clara: «Prefiero encajar setenta goles, pero salvar la categoría.» La historia que quiere escribir en el Oviedo no se mide en estadísticas personales, sino en lo que el equipo logre juntos.
Aarón Escandell se sienta frente a los micrófonos con la tranquilidad de quien acaba de recibir un reconocimiento que no buscaba pero que tampoco rechaza. El portero del Oviedo ha sido nombrado mejor jugador de agosto, un premio que llega después de un arranque de temporada que lo ha colocado entre los hombres destacados de la Primera División española. Pero cuando habla de ello, lo primero que hace es repartir el mérito. "Dar las gracias a todos los que piensen que soy el mejor jugador de agosto", dice. "Es algo de todos. Todos me han ayudado a que esté bien y así seguiré."
Lo que Escandell ha vivido en estas primeras semanas no es solo una adaptación a un nuevo equipo. Es un salto de categoría, un cambio de escala que requiere reajustes en la cabeza tanto como en el cuerpo. El guardameta habla de la unidad que existe en el vestuario, de la convicción compartida de que pueden darle la vuelta a la situación. "Creemos en la idea del mister y pienso que cuando entrenamos se ve la buena dinámica que hay", explica. "El nivel es muy bueno." No es la frase de alguien que está fingiendo optimismo. Es la observación de quien entrena cada día y ve cómo el equipo se mueve, cómo se entiende, cómo trabaja.
La sombra de su predecesor, Leo, planea sobre cualquier conversación sobre Escandell. Es inevitable. Cuando un portero llega a un club y su antecesor fue bueno, la comparación es automática. Pero Escandell rechaza entrar en ese juego. "Cuando llegué aquí me hablaron maravillas de Leo. Es un gran chico. Nunca me obsesioné con ser mejor que él", dice con claridad. "Cada uno somos nosotros. No quise ponerme a su altura ni superarlo sino ser yo mismo y disfrutar. Llegué con la intención de hacer historia y me lo marqué como objetivo." No es una negación de la realidad. Es una redefinición de lo que significa el éxito. Para Escandell, no se trata de superar a nadie. Se trata de ser él mismo y de contribuir a que el equipo logre cosas que no ha logrado antes.
El próximo rival es el Elche, un equipo que el año pasado fue directo en la lucha por objetivos similares. Escandell ha estudiado cómo juegan, cómo sacan el balón desde atrás, cómo no les gusta arriesgar innecesariamente. "Estamos preparando nuestro partido y creemos que podemos hacerles daño y poder ir allí a ganar", dice. Pero luego añade algo que revela su mentalidad: "No tenemos presión. Nadie nos ha dicho que debamos ganar porque luego venga el Barça." Es una forma de decir que no se deja distraer por lo que viene después, que entiende que en el fútbol, once contra once, nadie es superior a nadie.
El partido contra el Getafe, disputado en condiciones extremas de calor a una hora poco convencional, dejó lecciones. Escandell reconoce que el equipo jugó demasiado directo ese día, que la salida de balón no fue lo que el entrenador quiere. "El mister nos ha exigido mucho y así lo estamos trabajando", comenta. Cada entrenamiento es una oportunidad para mejorar ese aspecto, para que la construcción desde atrás sea más fluida, más segura. En defensa, hay decisiones que tomar sobre quién juega en la zaga, pero eso es cosa del técnico. Lo que Escandell sabe es que la competencia es sana y que todos deben estar listos.
Sobre las portería a cero, Escandell tiene una filosofía que dice mucho de dónde está su cabeza. "Si me pongo a ver si voy a encajar o no entras en una pelea de la que no sales", reflexiona. "Prefiero encajar 70 goles, pero salvar la categoría." Es una jerarquía de prioridades clara. El premio individual, los números personales, son secundarios. Lo que importa es que el equipo logre su objetivo. El entrenador ha trabajado en las jugadas a balón parado, en esos momentos donde los detalles pueden decidir partidos. Escandell está aquí para hacer historia, y esa historia se escribe colectivamente, no en las estadísticas de un portero.
Citas Notables
Es algo de todos. Todos me han ayudado a que esté bien y así seguiré— Aarón Escandell, sobre su premio de mejor jugador de agosto
Llegué con la intención de hacer historia y me lo marqué como objetivo— Aarón Escandell, rechazando comparaciones con su predecesor
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Qué significa para ti que te hayan elegido mejor jugador de agosto cuando acabas de llegar?
Significa que el equipo está funcionando bien. No es un premio individual, es el reflejo de que todos estamos en el mismo camino. Si yo estoy bien es porque mis compañeros me protegen y el equipo defiende como debe.
Pero hay una comparación inevitable con Leo, tu predecesor. ¿Cómo llevas eso?
No la llevo porque no entro en ella. Leo fue muy bueno, eso es un hecho. Pero yo no vine aquí a ser Leo ni a superarlo. Vine a ser Aarón Escandell y a ayudar al equipo a hacer historia. Son cosas diferentes.
¿Qué es lo que más te sorprendió del salto de categoría?
El nivel de exigencia es otro. Aquí no puedes relajarte ni un segundo. Pero también la dinámica del equipo es muy buena. Cuando ves entrenar al grupo, ves que todos creen en lo que el mister quiere hacer.
El Elche es el próximo rival. ¿Sientes presión?
No. Nadie nos ha dicho que tengamos que ganar porque después viene el Barça. Eso sería una distracción. Nosotros nos enfocamos en el rival que tenemos enfrente, en este caso el Elche, y en hacer nuestro partido.
¿Qué te preocupa más: los goles que encajes o que el equipo se salve?
Sin dudarlo, que el equipo se salve. Podría encajar 70 goles si eso significa que bajamos la categoría. Los números personales no importan si no logramos el objetivo colectivo.
¿Cómo ves la evolución del equipo en estas primeras semanas?
Cada vez fluye mejor la salida de balón. El mister nos exige mucho en eso, y lo estamos trabajando. Hay jugadores que todavía se están conociendo, pero la dinámica es positiva. Eso es lo importante.