La sombra de Correa divide profundamente a la ciudadanía ecuatoriana
Este domingo, Ecuador acude a las urnas en medio de una pandemia y una profunda fractura política, buscando un rumbo que aún no logra definirse con claridad. La sombra del expresidente Rafael Correa divide a la ciudadanía entre quienes añoran su gestión y quienes la rechazan, mientras un tercio del electorado permanece indeciso ante candidatos que se disputan el segundo lugar por márgenes mínimos. En este cruce de incertidumbres sanitarias, económicas y democráticas, Ecuador no solo elige un presidente, sino que negocia su propia identidad política.
- Con hasta un 37% del electorado sin decidir su voto, el resultado de estas elecciones es genuinamente impredecible y cualquier candidato podría llevarse una sorpresa.
- La figura de Rafael Correa actúa como un imán que atrae y repele con igual fuerza, fragmentando el voto y haciendo imposible que ningún candidato consolide una mayoría en primera vuelta.
- Guillermo Lasso y Yaku Pérez se disputan el segundo lugar por diferencias de apenas puntos porcentuales, convirtiendo cada voto indeciso en un factor decisivo.
- La ciudadanía no solo vota contra el correísmo o a favor de él: exige respuestas concretas sobre vacunas, reactivación económica y calidad de vida tras meses de gestión cuestionada de Moreno.
- Organizar elecciones en plena crisis sanitaria representa en sí mismo un desafío institucional, y cualquier irregularidad en el proceso podría agravar la ya extendida fatiga social.
Ecuador llega a este domingo 7 de febrero con un panorama electoral que pocas veces ha sido tan incierto. Los ecuatorianos votarán en plena pandemia con dieciséis candidatos en competencia, pero la atención se concentra en tres: Andrés Arauz, del movimiento correísta Unión por la Esperanza, lidera las encuestas con alrededor del 28%; detrás de él, el banquero Guillermo Lasso y el líder indígena Yaku Pérez se disputan el segundo lugar por márgenes tan estrechos que cualquiera podría clasificar a la segunda vuelta.
Lo que atraviesa todo el proceso es la figura del expresidente Rafael Correa, quien desde el exilio y bajo acusaciones judiciales sigue siendo el eje que organiza —y divide— la política ecuatoriana. Para unos, representa una gestión efectiva que merece continuidad; para otros, es una razón suficiente para votar en sentido contrario. Esta polarización impide que ningún candidato consolide una mayoría clara y convierte la segunda vuelta en un escenario casi inevitable.
El analista Daniel Crespo, de la Universidad San Francisco de Quito, advierte que esa segunda ronda estará completamente dominada por el eje correísmo versus anticorreísmo, pero también señala que no deben descartarse sorpresas: entre el 23% y el 37% de los ecuatorianos aún no ha decidido su voto, una proporción que puede cambiar radicalmente el resultado final.
Más allá de las identidades políticas, lo que la ciudadanía reclama es concreto: una estrategia de vacunación más eficaz, recuperación económica y mejores condiciones de vida. El descontento con la gestión de Lenín Moreno ha intensificado estas demandas y añade presión sobre quien resulte electo. En ese contexto, llevar adelante unas elecciones ordenadas en medio de una crisis sanitaria es ya, de por sí, una prueba institucional que Ecuador no puede permitirse fallar.
Ecuador se prepara para unos comicios que transcurrirán en medio de la pandemia, y el panorama político que enfrenta es profundamente incierto. Este domingo 7 de febrero, los ecuatorianos acudirán a las urnas en un contexto donde casi nada está decidido. Las encuestas más recientes sugieren que la votación terminará en una segunda vuelta, pero el segundo puesto sigue siendo un terreno disputado entre tres candidatos cuyas diferencias en las preferencias son mínimas.
Andrés Arauz, representante del movimiento correísta a través del partido Unión por la Esperanza, lidera las mediciones con un rango entre 28,64% y 15%, según la última encuesta publicada el martes 2 de febrero. Detrás de él, Guillermo Lasso, un banquero vinculado al Opus Dei, se sitúa entre 26% y 20,85%. Yaku Pérez, líder indígena del movimiento Pachakutik, ronda el 13%. Las diferencias son lo suficientemente estrechas como para que cualquiera de los dos últimos candidatos pudiera terminar en la segunda vuelta.
Lo que más define este proceso electoral es la sombra del expresidente Rafael Correa, quien permanece fuera del país enfrentando acusaciones judiciales. Su influencia divide profundamente a la ciudadanía ecuatoriana. Algunos votantes lo ven como un símbolo de gestión efectiva; otros lo rechazan categóricamente. Esta polarización ha fragmentado el voto de manera que ningún candidato logra consolidar una mayoría clara. Además, el descontento con el gobierno actual de Lenín Moreno amplifica la incertidumbre. Los ecuatorianos están insatisfechos con la forma en que se ha manejado la pandemia, la adquisición de vacunas y la situación económica general del país.
Un dato que subraya la volatilidad del escenario es que entre 23% y 37% de los ecuatorianos aún no ha decidido por quién votará. Este porcentaje considerable de indecisos abre la puerta a sorpresas electorales significativas. Daniel Crespo, profesor del Colegio de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad San Francisco de Quito, sostiene que la segunda vuelta será inevitable y que estará completamente polarizada por el voto a favor o en contra del correismo. Crespo también advierte que no debe descartarse una sorpresa dada la magnitud de personas que aún no han definido su preferencia.
Para Crespo, la figura de Correa funciona como el principal activo de campaña de Arauz. Sin embargo, lo que realmente busca la ciudadanía ecuatoriana con este cambio de gobierno es resolver problemas concretos: mejorar la estrategia de vacunación, reactivar la economía y elevar la calidad de vida. La pandemia ha intensificado estas demandas, haciendo que los temas sanitarios y económicos sean centrales en el debate electoral.
Caro Loza, periodista ecuatoriano, señala que estas elecciones representan una prueba importante en términos de llevar a cabo un proceso electoral en medio de una crisis sanitaria. Los ecuatorianos están atentos al desarrollo del proceso, y cualquier cambio drástico o irregularidad no será bien recibido por una población ya fatigada por la incertidumbre.
En el Perú, la embajada ecuatoriana será el punto de votación para los ciudadanos ecuatorianos que residen en el país. El proceso comenzará a las 8 de la mañana. Con dieciséis candidatos compitiendo por la presidencia y un voto indeciso que representa casi un tercio del electorado, Ecuador enfrenta una jornada electoral donde el resultado final dependerá tanto de las decisiones de última hora como de la capacidad de cada candidato para movilizar a sus bases en un contexto de profunda polarización.
Citações Notáveis
No habría que descartar una sorpresa por el porcentaje tan alto de personas que aún no han decidido su voto— Daniel Crespo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito
Esta será una prueba en términos de llevar un comicio en medio de una pandemia. Los ecuatorianos están muy pendientes del proceso— Caro Loza, periodista ecuatoriano
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué la figura de Correa sigue siendo tan determinante si ya no está en el poder?
Porque representa dos Ecuadores completamente diferentes. Para algunos, Correa fue un presidente que mejoró la economía y redujo la pobreza. Para otros, es sinónimo de autoritarismo y corrupción. Esa división no desaparece solo porque él se fue.
¿Qué significa que casi un tercio de los votantes aún no sepa por quién votar a días de las elecciones?
Significa que hay un voto flotante enorme que podría cambiar el resultado. En un escenario tan fragmentado, esos indecisos son el verdadero poder. Podrían inclinar la balanza hacia cualquiera de los tres candidatos principales.
¿Cómo afecta la pandemia a estas elecciones más allá de que se realicen durante ella?
Ha convertido la gestión de Moreno en un fracaso visible. La gente ve muertos, ve economía colapsada, ve vacunas que no llegan. Eso genera rabia y deseo de cambio, pero también desconfianza en cualquier promesa que hagan los candidatos.
¿Es probable que haya una segunda vuelta?
Prácticamente seguro. Ningún candidato está cerca del 40% que se necesita para ganar en primera vuelta. La pregunta real es quién acompañará a Arauz en esa segunda vuelta.
¿Qué busca realmente el votante ecuatoriano en estas elecciones?
Soluciones concretas: vacunas, empleos, estabilidad económica. La polarización sobre Correa es real, pero debajo de eso hay una ciudadanía cansada que quiere que funcione el país.