El 12 de agosto de 1981, IBM lanzó un ordenador que no era el primero de su clase, pero sí el que convirtió una curiosidad técnica en una necesidad civilizatoria. Al romper con sus propias tradiciones —abriendo su arquitectura, comprando componentes externos y cediendo el control del sistema operativo a una pequeña empresa de Seattle— IBM sembró sin saberlo las semillas de su propia dependencia y del dominio absoluto de Microsoft. Cuarenta y cinco años después, aquel acto de pragmatismo apresurado sigue definiendo la forma en que el mundo trabaja, crea y se comunica.
45 años del IBM PC: cómo el ordenador que revolucionó el mundo hizo rico a Bill Gates
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