2026: Ideas para un nuevo orden mundial más inclusivo tras el colapso del sistema liberal

La nostalgia no es una estrategia
Mark Carney rechaza la lamentación por el orden perdido e insta a construir algo mejor desde la ruptura actual.

El orden internacional nacido en 1945 ha llegado a su fin, no por un solo golpe sino por la acumulación de fracturas que ya no pueden ignorarse. Mientras Europa llora la pérdida de un sistema que consideraba propio, Asia observa con la serenidad de quien nunca creyó del todo en esa promesa. Lo que emerge no es un vacío, sino una pregunta más profunda: ¿quién tiene derecho a escribir las reglas del mundo que viene, y bajo qué principios?

  • El canciller alemán Friedrich Merz declaró en febrero de 2026 lo que muchos ya intuían: el orden liberal de posguerra ha dejado de existir, desmantelado por la guerra en Ucrania, el unilateralismo estadounidense y las acusaciones contra Israel.
  • La consternación europea contrasta con la ecuanimidad asiática: para diplomáticos como el singapurense Bilahari Kausikan, el conflicto siempre fue la norma, y el breve paréntesis de cooperación global fue la anomalía, no la regla.
  • Washington, Pekín y Moscú erosionan activamente las instituciones multilaterales, mientras se dibuja un posible 'directorio mundial' de grandes potencias que la mayoría de los países rechaza pero pocos pueden frenar.
  • Las potencias medias proponen un orden multipolar basado en cooperación pragmática, inclusión de países pequeños y 'puntos de encuentro' en lugar de alianzas rígidas, inspirado en algo como un Helsinki reimaginado para el siglo XXI.
  • El mayor riesgo del nuevo orden fragmentado no es la injusticia sino la fragilidad: sin una arquitectura común, proteger bienes públicos globales como el clima, la salud o la paz se vuelve estructuralmente más difícil.

El orden mundial que emergió de 1945 no colapsó de golpe, sino visiblemente, irreversiblemente. En febrero de 2026, el canciller alemán Friedrich Merz lo reconoció en la Conferencia de Seguridad de Múnich: el sistema que estructuró ochenta años de relaciones internacionales ya no existe. La invasión rusa de Ucrania, la retirada estadounidense del multilateralismo y las acusaciones contra Israel fueron los golpes sucesivos que terminaron por derrumbarlo.

La reacción europea ante este colapso revela, según los expertos, tanto sobre la geografía de la esperanza como sobre la realidad internacional. Bilahari Kausikan, exdiplomático singapurense, lo señaló en el Diálogo de Shangri-La de mayo de 2026: el conflicto y la competencia son la norma, no la excepción. El breve paréntesis entre la caída del Muro de Berlín y la crisis financiera global fue la anomalía. Para Asia, el sueño liberal nunca fue tan sólido como los europeos imaginaban.

Marc Saxer, de la Fundación Friedrich Ebert, sostiene que el retorno al orden de los años 2010 es estructuralmente imposible. Lo que emerge es un 'mundo de lobos' donde Washington, Pekín y Moscú socavan deliberadamente el derecho internacional. Frente a esto, tres modelos compiten: la dependencia japonesa de Estados Unidos, la apuesta europea por la autonomía estratégica, y la propuesta de las potencias medias de construir algo nuevo desde la ruptura.

Saxer ve en este momento una novedad histórica: por primera vez en siglos, potencias no occidentales participarán decisivamente en configurar el próximo orden. Propone incluir a países pequeños, hablar de 'puntos de encuentro' en lugar de alianzas, y cooperar con cualquier nación dispuesta a resolver problemas globales sin importar su sistema político. Una suerte de Helsinki 2.0 para la era multipolar.

Sin embargo, Thomas Kleine-Brockhoff advierte que todo orden requiere fuerzas capaces de sostenerlo. Lo más probable, cree, es la coexistencia de múltiples modelos de organización internacional con influencia limitada cada uno. El mundo que emerge podrá ser más inclusivo y más justo, pero también será más frágil ante los desafíos que ninguna potencia puede enfrentar sola.

El orden mundial que emergió de las cenizas de 1945 se ha desmoronado. No de repente, sino visiblemente, irreversiblemente. En febrero de 2026, el canciller alemán Friedrich Merz lo declaró en la Conferencia de Seguridad de Múnich con una franqueza que reflejaba lo que muchos europeos ya sentían: el sistema que conocieron, imperfecto pero funcional durante ochenta años, simplemente ya no existe.

La ruptura tiene rostro. La invasión rusa de Ucrania, la retirada estadounidense de los compromisos multilaterales bajo la administración Trump, las acusaciones de crímenes de guerra contra Israel: cada evento fue un golpe más a la arquitectura liberal internacional. Para muchos europeos, esto representó una conmoción profunda, una traición a los principios que habían estructurado la posguerra. Pero esa reacción, según expertos que analizan el momento, revela más sobre la geografía de la esperanza que sobre la realidad de las relaciones internacionales.

Los diplomáticos asiáticos observan la consternación europea con una mezcla de comprensión y distancia. Bilahari Kausikan, exdiplomático singapurense, lo expresó sin rodeos durante el Diálogo de Shangri-La en mayo de 2026: el conflicto y la competencia son la norma en los asuntos mundiales, no la excepción. Lo extraordinario, argumentó, fue el paréntesis de veinte años entre la caída del Muro de Berlín y la crisis financiera global, cuando pareció posible creer en un orden basado en reglas compartidas. Esa ilusión, desde la perspectiva asiática, nunca fue tan sólida como los europeos imaginaban.

La diferencia de visión entre continentes refleja historias distintas. Europa pudo permitirse el lujo de soñar con un orden liberal bajo el paraguas de seguridad estadounidense. Para Asia, eso fue siempre un sueño ajeno. Marc Saxer, director de la oficina Asia-Pacífico de la Fundación Friedrich Ebert, sostiene que el intento de imponer un orden liberal mundial fracasó, y que el retorno de Estados Unidos a su papel de los años 2010 es estructuralmente imposible. Lo que emerge en su lugar es lo que algunos llaman un "mundo de lobos": un espacio donde la ley del más fuerte prevalece sobre la fuerza de la ley.

En este nuevo escenario, Washington, Pekín y Moscú socavan deliberadamente el derecho internacional y las instituciones multilaterales como la ONU, cada uno por razones propias. Thomas Kleine-Brockhoff, de la Oficina Alemana de Relaciones Exteriores, sugiere que Estados Unidos busca construir un "directorio mundial" de grandes potencias, un sistema de esferas de influencia donde cada potencia domina su región. La mayoría de los demás países rechaza esta visión, pero ¿qué alternativas existen?

Tres modelos compiten. Japón, rodeado por una China ascendente y sin aliados naturales en la región, profundiza su dependencia de Estados Unidos. Europa, geográficamente unida e interconectada políticamente, apuesta por el fortalecimiento propio económico y militar, intentando mantener el compromiso estadounidense mientras construye autonomía. Las potencias medias, en cambio, proponen algo distinto: Mark Carney lo formuló en el Foro Económico Mundial con claridad: el viejo orden no regresará, y la nostalgia no es estrategia. Desde esta ruptura, dijo, pueden construir algo mejor, más fuerte, más justo.

Saxer ve en esto una novedad histórica sin precedentes: por primera vez en siglos, potencias no occidentales participarán decisivamente en configurar el próximo orden mundial. Las nuevas reglas deberán incorporar concepciones chinas donde las normas sirven al colectivo antes que al individuo, y visiones del mundo musulmán basadas en la comunidad de creyentes. No será occidentalización disfrazada. Para navegar este "mundo de lobos", Saxer propone tres principios: incluir a países pequeños como Nueva Zelanda, Noruega y Singapur; hablar de "puntos de encuentro" en lugar de alianzas para evitar nuevos bloques; y fomentar cooperación con cualquier país dispuesto a resolver problemas globales, sin importar su sistema político interno. Imagina algo como Helsinki 2.0, un pacto de la Guerra Fría reimaginado para la era multipolar: acuerdos pragmáticos basados en intereses comunes, manteniendo principios irrenunciables como los derechos humanos.

Pero Kleine-Brockhoff es escéptico. Todo orden, sostiene, requiere fuerzas capaces de sostenerlo y garantizar cumplimiento. Lo más probable, cree, es la emergencia de un "multiorden mundial": distintos modelos de organización internacional coexistiendo, cada uno con influencia limitada. El problema es que esta fragmentación hace cada vez más difícil proteger bienes públicos globales: la lucha contra el cambio climático, la prevención de pandemias, la preservación de la paz. El nuevo mundo que emerge será más inclusivo, quizá más justo, pero también más frágil.

Ese orden, por imperfecto que fuera incluso en sus mejores momentos, ya no existe tal como lo conocíamos
— Friedrich Merz, canciller alemán
Por primera vez en siglos, potencias no occidentales van a participar decisivamente en la configuración del próximo orden mundial
— Marc Saxer, Fundación Friedrich Ebert
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué los europeos se sorprenden más que los asiáticos ante el colapso del orden liberal?

Model

Porque Europa vivió bajo ese orden como si fuera natural, inevitable. Asia nunca creyó en él. Para Asia, el conflicto entre potencias siempre fue la realidad; el paréntesis liberal fue la anomalía.

Inventor

¿Entonces el "mundo de lobos" es simplemente el retorno a la normalidad?

Model

Sí y no. Es el retorno a la competencia entre potencias, pero ahora sin un árbitro claro. Antes había reglas, aunque imperfectas. Ahora hay poder puro.

Inventor

¿Pueden las potencias medias realmente construir algo mejor?

Model

Pueden intentarlo. Lo que proponen es pragmático: cooperación sin bloques rígidos, inclusión de voces no occidentales, acuerdos sobre problemas concretos. Pero necesitan que las grandes potencias lo permitan.

Inventor

¿Y si no lo permiten?

Model

Entonces obtenemos fragmentación. Múltiples órdenes regionales, cada uno con sus reglas. Es más estable que el caos, pero menos efectivo para resolver crisis globales.

Inventor

¿Qué pasa con los derechos humanos en este nuevo mundo?

Model

Eso es lo crucial. Los expertos insisten en que deben ser irrenunciables, pero en un mundo multipolar donde China e Irán tienen voz igual, eso es más aspiración que garantía.

Inventor

¿Entonces hemos retrocedido?

Model

Hemos cambiado. No es retroceso ni progreso. Es un mundo diferente, donde la inclusión es mayor pero la cohesión es menor.

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