El dinero compra velocidad, pero no compra lo que realmente importa
Alfonzo movilizó máquinas, mineros y 50 trabajadores para rescatar a su esposa e hija, pero las encontró sin vida tras diez días de excavación intensiva. La mayoría de afectados no puede costear rescates privados; dependen de máquinas de ciudadanos ricos para excavar edificios colapsados en La Guaira.
- Eliezer Alfonzo, exjugador de las Grandes Ligas, financió un operativo privado de rescate con máquinas a 1.200 dólares diarios
- El doble terremoto del 24 de junio causó 3.342 muertes, 16.740 heridos y 17.345 personas sin hogar
- En La Guaira, el 80% de los edificios se derrumbaron totalmente
- Alfonzo encontró a su esposa Patricia y a su hija Eliana de 16 años sin vida después de diez días de excavación
Tras el doble terremoto del 24 de junio en Venezuela, ciudadanos adinerados como el beisbolista Eliezer Alfonzo financian operativos privados de rescate con maquinaria pesada a 1.200 dólares diarios, evidenciando el vacío dejado por el Estado.
Diez días después del doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio, un pequeño yorkshire asustado emergió de los escombros en La Guaira. El video del perro, vivo contra toda probabilidad, circuló por las redes sociales de todo el país. Detrás de ese rescate estaba Eliezer Alfonzo, exjugador de las Grandes Ligas con los Gigantes de San Francisco, conocido en Venezuela como El Matatán por su dominio del jonrón. Alfonzo había montado su propio campamento de rescate en un estacionamiento de La Guaira, la zona más devastada por los sismos, con la esperanza de encontrar a su esposa Patricia y a su hija Eliana, de dieciséis años.
El dinero, en esos días de caos, compraba velocidad. Alfonzo había traído maquinaria pesada desde Puerto La Cruz, a cinco horas de distancia por carretera. Contrató mineros de las minas de oro de Tumeremo, hombres acostumbrados a trabajar bajo tierra, y los mantuvo alimentados y revitalizados mientras operaban una grúa, un martillo hidráulico, un jumbo con pala, una cuchilla para escombros y luminarias para excavar de noche. Cincuenta trabajadores bajo su mando, operadores que trabajaban desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada. El costo era de aproximadamente mil doscientos dólares diarios por máquina. Alfonzo podía permitirse eso. La mayoría de los venezolanos no.
El primer día después del sismo, nadie asistió a los afectados. La hermana de Alfonzo, Hensily, recuerda que cavaron con las manos hasta que, desde el segundo día, comenzó a llegar la maquinaria que su hermano gestionó y pagó de su propio bolsillo. La familia misma tuvo que dirigir las excavadoras porque los operadores no tenían experiencia en cómo abordar un edificio colapsado. "Acabamos ordenando el tráfico nosotros, por instinto", cuenta Hensily. Los vecinos de otros edificios cercanos dependían de que las máquinas de Alfonzo les echaran una mano. Muchos decían que cuando Eliezer encontrara lo que buscaba, ellos se irían, porque no contaban con nadie más. "Llevamos diez días aquí y no encontramos nada. Imagínate sin máquinas", reflexionaba Hensily sobre la realidad de quienes no tenían recursos.
El sábado, después de que la perrita Sandina fuera rescatada, los trabajadores comenzaron a encontrar pertenencias de la familia: el teléfono de su hija, el de su esposa, una maleta, un reloj, una cartera. Eliezer se movía abatido por el campamento. Pero el domingo se esfumó la esperanza. Encontraron a Patricia y a Eliana sin vida. Alfonzo, quien había sido manager de Los Delfines de La Guaira y llevaba tres meses instalado en el hotel Eduard's Suites cuyas ruinas había pasado días removiendo, se enfrentaba a lo que su dinero y su fama no pudieron evitar. "Estoy devastado", dijo a EL PAÍS ese sábado. "Me siento impotente por no ver el resultado de tanto esfuerzo".
El balance oficial del desastre, actualizado ese domingo, contabilizaba tres mil trescientos cuarenta y dos muertos y dieciséis mil setecientos cuarenta heridos. Otras seis mil cuatrocientas sesenta y dos personas habían sido rescatadas con vida, pero diecisiete mil trescientas cuarenta y cinco perdieron su vivienda. En La Guaira, donde buscaba Alfonzo, ocho de cada diez edificios se derrumbaron totalmente. La tragedia había expuesto una grieta profunda en Venezuela: quienes tenían dinero podían comprar máquinas, trabajadores, esperanza. Quienes no tenían dinero esperaban, cavaban con las manos, y dependían de la generosidad de hombres como Alfonzo. Incluso con toda su riqueza y sus contactos, incluso con cincuenta hombres trabajando día y noche, Alfonzo no pudo salvar a los suyos. Pero su operativo privado de rescate se convirtió en la única opción real para muchos otros que no tenían nada.
Notable Quotes
Estoy devastado. Me siento impotente por no ver el resultado de tanto esfuerzo— Eliezer Alfonzo
Muchas personas decían: cuando Eliezer consiga lo que tenga que conseguir, nosotros nos vamos, porque no contamos con nadie— Hensily Alfonzo, hermana del jugador
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un jugador de béisbol retirado fue quien organizó el rescate y no las autoridades?
Porque en esos primeros días, el Estado simplemente no estaba. Alfonzo tenía dinero, contactos en la industria minera, y la urgencia de encontrar a su familia. Hizo lo que cualquiera con recursos habría hecho: pagó por máquinas y trabajadores.
¿Cuál es el costo real de eso? Mil doscientos dólares diarios suena a una cifra enorme.
Para Alfonzo, era el precio de la velocidad. Para sus vecinos, era la diferencia entre tener una máquina excavadora en su edificio colapsado o tener nada. Sin su dinero, esos otros edificios seguirían intactos.
¿Qué pasó cuando encontraron a su familia?
Encontraron a su esposa y a su hija sin vida, después de diez días de excavación intensiva. El dinero compró tiempo, pero no compró lo que realmente importaba.
¿Cómo se sintió Alfonzo al respecto?
Devastado e impotente. Dijo que se sentía impotente por no ver el resultado de tanto esfuerzo. Tenía todo lo que el dinero podía comprar en esa situación, y aun así no fue suficiente.
¿Qué sucedió con los vecinos que dependían de sus máquinas?
Esperaban. Cavaban con las manos cuando podían. Muchos decían que cuando Alfonzo encontrara lo que buscaba, ellos se irían, porque no contaban con nadie más. Sin sus máquinas, la mayoría seguiría esperando.